miguegarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tal vez es esa, extensa y procelosa,
que se adueña del cielo por la tarde
o aquella que al ocaso siempre arde
diciendo adiós al día, victoriosa.
Quizás la solitaria que se posa
y que de su pureza hace alarde
o aquella que me pide que yo carde
su cuerpo de algodón de vientre rosa.
Pasan las nubes lentas, en rebaño,
ordenadas en plácido conjunto
hasta que llega el viento y las agita
dejando en el azul un trazo extraño.
Siempre que miro al cielo, me pregunto
cuál puede ser tu nube favorita.
que se adueña del cielo por la tarde
o aquella que al ocaso siempre arde
diciendo adiós al día, victoriosa.
Quizás la solitaria que se posa
y que de su pureza hace alarde
o aquella que me pide que yo carde
su cuerpo de algodón de vientre rosa.
Pasan las nubes lentas, en rebaño,
ordenadas en plácido conjunto
hasta que llega el viento y las agita
dejando en el azul un trazo extraño.
Siempre que miro al cielo, me pregunto
cuál puede ser tu nube favorita.
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