En una foto guardé,
tu más sagrada sonrisa.
Bajo aquella vieja madreselva,
que perfumaba
nuestro tiempo de flores.
Cuando el verde era verde.
Cuando el amanecer
era una flor eterna,
que calmaba los vientos,
donde giraban las agujas.
Cuando la vida
era simplemente vivir!
Y la muerte una puerta,
donde nacerían nuevos retos.
Y el pasado era pasado,
y ahí se quedaba,
como una espléndida huella,
en el camino de tus ojos…
Hasta que hoy
los recuerdos llegaron,
con esa opaca fragancia,
de un lecho clausurado
por el tiempo.
Y hoy las lágrimas son lágrimas.
Y aunque la distancia
no exista,
hoy he vuelto a observarte,
niña del cristal.
Luego de visitar nuestra tumba,
reseca y árida.
Y he visto que en el verde.
Nuestro verde.
Aquél verde,
que acariciamos
con oro en las manos,
hay una mancha de olvido.
Y en la huella del sendero
que nos une,
ha caído
una dulce gaviota muerta.
Hija del tiempo.
Y madre del aroma de este adiós.
tu más sagrada sonrisa.
Bajo aquella vieja madreselva,
que perfumaba
nuestro tiempo de flores.
Cuando el verde era verde.
Cuando el amanecer
era una flor eterna,
que calmaba los vientos,
donde giraban las agujas.
Cuando la vida
era simplemente vivir!
Y la muerte una puerta,
donde nacerían nuevos retos.
Y el pasado era pasado,
y ahí se quedaba,
como una espléndida huella,
en el camino de tus ojos…
Hasta que hoy
los recuerdos llegaron,
con esa opaca fragancia,
de un lecho clausurado
por el tiempo.
Y hoy las lágrimas son lágrimas.
Y aunque la distancia
no exista,
hoy he vuelto a observarte,
niña del cristal.
Luego de visitar nuestra tumba,
reseca y árida.
Y he visto que en el verde.
Nuestro verde.
Aquél verde,
que acariciamos
con oro en las manos,
hay una mancha de olvido.
Y en la huella del sendero
que nos une,
ha caído
una dulce gaviota muerta.
Hija del tiempo.
Y madre del aroma de este adiós.
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