En la piel del olvido

MarcosR

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Desprenderme
del eco de su sombra,
me ha costado silencios,
y desvelos.
Imborrables tormentos
naufragados,
en bares pestilentes,
y desiertos.
Cuántos versos
quedaron atrapados,
en cajas de zapatos,
en un armario viejo.
Manchados de tristeza,
y de nostalgia,
derramados de inviernos,
los cuadernos,
pretéritos fantasmas,
al acecho.
La he buscado en la tierra,
y en el cielo.
Le escribí mil intentos,
en latidos de tinta,
bocanadas de sangre
que saltan de los dedos.
Y cada vez que caminé
a sus manos,
con un sueño en la boca,
y en el alma, despierto,
solo pude besar,
con amargura,
la helada piel de la distancia,
en su recuerdo.
Dispersos los domingos
en las cejas,
lacerado el abrazo,
crepitante de sed
y de agonía.
Sin encontrar su mano,
ni su risa.
Peregrino en su pueblo,
y en sus plazas,
en tardes cabildantes,
y desiertas,
de versos al vacío,
herida la esperanza,
el viento fue el camino,
y se hizo rumbo.
Quizá para encontrarla,
y encontrarnos,
en otro tiempo justo,
convenido.
Quizás en otra calle,
en otro rostro,
que no se le parezca,
que no sepa su nombre,
ni su aliento.
Un tiempo del encuentro,
solamente,
por un nuevo sendero,
en la piel del olvido.
 
Última edición:
Desprenderme
del eco de tu sombra,
me ha costado silencios,
y desvelos.
Imborrables tormentos
naufragados,
en bares pestilentes,
y desiertos.
Cuántos versos
quedaron atrapados,
en cajas de zapatos,
en un armario viejo.
Manchados de tristeza,
y de nostalgia,
derramados de inviernos,
los cuadernos,
pretéritos fantasmas,
al acecho.
Te he buscado en la tierra,
y en el cielo.
Te escribí mil intentos,
en latidos de tinta,
bocanadas de sangre
que saltan de los dedos.
Y cada vez que caminé
a tus manos,
con un sueño en la boca,
y en el alma, despierto,
solo pude besar,
con amargura,
la helada piel de la distancia,
en tu recuerdo.
Dispersos los domingos
en las cejas,
lacerado el abrazo,
crepitante de sed
y de agonía.
Sin encontrar tu mano,
ni tu risa.
Peregrino en tu pueblo,
y en tus plazas,
en tardes cabildantes,
y desiertas,
de versos al vacío,
herida la esperanza,
el viento fue el camino,
y se hizo rumbo.
Quizá para encontrarte,
y encontrarnos,
en otro tiempo justo,
convenido.
Quizás en otra calle,
en otro rostro,
qué no se te parezca,
qué no sepa tu nombre
ni tu aliento.
Un tiempo del encuentro,
solamente,
por un nuevo sendero,
en la piel del olvido.
En esa piel rastreada el analisis de los momentos de vida deja la posibilidad
de otros tiempos, otras situaciones que puedan ser principio de esencia
amorosa. el aliento se pierde en esa interioridad sublime y llena de amor.
bellissimo. saludos con afecto de luzyabsenta
 
En esa piel rastreada el analisis de los momentos de vida deja la posibilidad
de otros tiempos, otras situaciones que puedan ser principio de esencia
amorosa. el aliento se pierde en esa interioridad sublime y llena de amor.
bellissimo. saludos con afecto de luzyabsenta
Hola Maestro Luzyabsenta.
Muy agradecido por tan amables palabras.
Gran abrazo!!
 
Me encanta el título y como cada palabra le da sentido al mismo. Un poema por demás hermoso, gracias por compartirlo. Saludos!
 
Desprenderme
del eco de su sombra,
me ha costado silencios,
y desvelos.
Imborrables tormentos
naufragados,
en bares pestilentes,
y desiertos.
Cuántos versos
quedaron atrapados,
en cajas de zapatos,
en un armario viejo.
Manchados de tristeza,
y de nostalgia,
derramados de inviernos,
los cuadernos,
pretéritos fantasmas,
al acecho.
La he buscado en la tierra,
y en el cielo.
Le escribí mil intentos,
en latidos de tinta,
bocanadas de sangre
que saltan de los dedos.
Y cada vez que caminé
a sus manos,
con un sueño en la boca,
y en el alma, despierto,
solo pude besar,
con amargura,
la helada piel de la distancia,
en su recuerdo.
Dispersos los domingos
en las cejas,
lacerado el abrazo,
crepitante de sed
y de agonía.
Sin encontrar su mano,
ni su risa.
Peregrino en su pueblo,
y en sus plazas,
en tardes cabildantes,
y desiertas,
de versos al vacío,
herida la esperanza,
el viento fue el camino,
y se hizo rumbo.
Quizá para encontrarla,
y encontrarnos,
en otro tiempo justo,
convenido.
Quizás en otra calle,
en otro rostro,
que no se le parezca,
que no sepa su nombre,
ni su aliento.
Un tiempo del encuentro,
solamente,
por un nuevo sendero,
en la piel del olvido.
Sin duda el olvido es aveces un laberinto sin salida.
Creo que tan solo basta continuar e ir desprendiendo de apoco ese peso en la mirada y el sentir.
Doliente poema
Enhorabuena por tus versos
Saludos
 

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