Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
A los ocho meses de embarazo,
rompí aguas.
En el hospital dijeron,
cesárea.
Cuando sacaron al bebé me dijeron:
-es niña.
Cuando a todas las madres les llevaron a sus hijos, a mí no.
-¿Y mi niña?-
– está en cuidados intensivos-,
dijeron.
-Mañana puede ir a verla en el último piso.
A las diez fui.
Había gran revuelo, los médicos entraban y salían.
-¡El pulmón artificial!-, gritaron.
No nos dejaban entrar, pero todas mirábamos,
a través del cristal.
Al fin pudimos entrar y mi niña era la del pulmón.
-¿Qué le pasó?-
Nadie contestó.
Mi niña dormía y yo no podía tocarla, solo mirarla.
Llegó su padre.
-pregunta qué pasó, por qué está en cuidados intensivos.
Tenía el tipo de sangre de él.
El número de leucocitos estaba en exceso, necesitaba radiación ultravioleta.
-¿Y el pulmón artificial?
-Un practicante le inyectó una concentración 10 veces más alta,
entró en shock.
Salí del hospital y todos los días iba a ver a mi niña.
Me dolían los senos, tenía que succionar la leche,
tres veces al día.
Cuando el número de leucocitos fue normal,
la llevé a casa.
Al fin pude abrazarla, amamantarla y cantarle nanas.
La bautizamos y le pusimos el nombre:
Aurora.
A los 20 años, estudiaba Historia en la Universidad y fue a un Congreso,
en Guatemala.
La llevaron a nadar a una playa cerca de la capital.
Hubo alfaque*.
Ella sabía nadar muy bien, pero a los mejores
los ha ahogado.
Fuimos a recoger su cuerpo. El aeropuerto de Guatemala se llama:
Aurora.
*El alfaque se forma por energía de las olas en el encuentro entre dos corrientes que, al unirse, arrastran hacia el interior todo lo que encuentran a su paso. Regularmente está en el área del mar donde no se hacen olas. Esa parte “serena” se encuentra en la orilla y suele ocultar el alfaque que succiona hacia abajo y luego hacia dentro del mar.
.
rompí aguas.
En el hospital dijeron,
cesárea.
Cuando sacaron al bebé me dijeron:
-es niña.
Cuando a todas las madres les llevaron a sus hijos, a mí no.
-¿Y mi niña?-
– está en cuidados intensivos-,
dijeron.
-Mañana puede ir a verla en el último piso.
A las diez fui.
Había gran revuelo, los médicos entraban y salían.
-¡El pulmón artificial!-, gritaron.
No nos dejaban entrar, pero todas mirábamos,
a través del cristal.
Al fin pudimos entrar y mi niña era la del pulmón.
-¿Qué le pasó?-
Nadie contestó.
Mi niña dormía y yo no podía tocarla, solo mirarla.
Llegó su padre.
-pregunta qué pasó, por qué está en cuidados intensivos.
Tenía el tipo de sangre de él.
El número de leucocitos estaba en exceso, necesitaba radiación ultravioleta.
-¿Y el pulmón artificial?
-Un practicante le inyectó una concentración 10 veces más alta,
entró en shock.
Salí del hospital y todos los días iba a ver a mi niña.
Me dolían los senos, tenía que succionar la leche,
tres veces al día.
Cuando el número de leucocitos fue normal,
la llevé a casa.
Al fin pude abrazarla, amamantarla y cantarle nanas.
La bautizamos y le pusimos el nombre:
Aurora.
A los 20 años, estudiaba Historia en la Universidad y fue a un Congreso,
en Guatemala.
La llevaron a nadar a una playa cerca de la capital.
Hubo alfaque*.
Ella sabía nadar muy bien, pero a los mejores
los ha ahogado.
Fuimos a recoger su cuerpo. El aeropuerto de Guatemala se llama:
Aurora.
*El alfaque se forma por energía de las olas en el encuentro entre dos corrientes que, al unirse, arrastran hacia el interior todo lo que encuentran a su paso. Regularmente está en el área del mar donde no se hacen olas. Esa parte “serena” se encuentra en la orilla y suele ocultar el alfaque que succiona hacia abajo y luego hacia dentro del mar.
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