Por el cielo vuela el odio,
la muerte por carretera,
el odio clama su sed
y la muerte su tristeza.
¡Silencios, adioses, penas!
Extiende su brazo el hombre
cerrando a la paz sus puertas
y desnuda ante los ojos
su boca de espuma negra.
Silbos como bombas vienen,
tambores cuál tanques llegan,
ansias de matar invaden
más allá de sus fronteras.
Miradas sobrecogidas,
callan su dolor y tiemblan
y van buscando caminos
en un cielo sin estrellas.
¡Silencios, adioses, penas!
Las flores se desvanecen,
la pena y el llanto reinan,
la sangre tiñe de rojo
lo que la humanidad siembra.
Clamores desesperados
envueltos en blancas vendas,
la muerte se anuncia al mundo
de una terrible manera.
¡Matar, matar y matar,
voces que suenan y suenan
entre truenos y retumbos
hasta enterrar sus herencias!
Después, el mudo silencio
recorre calles desiertas,
no se ve pero se escuchan
sus pasos por las aceras.
¡Silencios, adioses, penas!
la muerte por carretera,
el odio clama su sed
y la muerte su tristeza.
¡Silencios, adioses, penas!
Extiende su brazo el hombre
cerrando a la paz sus puertas
y desnuda ante los ojos
su boca de espuma negra.
Silbos como bombas vienen,
tambores cuál tanques llegan,
ansias de matar invaden
más allá de sus fronteras.
Miradas sobrecogidas,
callan su dolor y tiemblan
y van buscando caminos
en un cielo sin estrellas.
¡Silencios, adioses, penas!
Las flores se desvanecen,
la pena y el llanto reinan,
la sangre tiñe de rojo
lo que la humanidad siembra.
Clamores desesperados
envueltos en blancas vendas,
la muerte se anuncia al mundo
de una terrible manera.
¡Matar, matar y matar,
voces que suenan y suenan
entre truenos y retumbos
hasta enterrar sus herencias!
Después, el mudo silencio
recorre calles desiertas,
no se ve pero se escuchan
sus pasos por las aceras.
¡Silencios, adioses, penas!