Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Y miramos la columna de humo detrás de la loma
maraña de rostros en ascenso, ¡el sol se está quemando!,
la tierra ha perdido el suelo, huele a pimienta de metralla,
la parcela se alisa de espejismo hasta reflejar ninguna nube,
solo las lenguas con moscas de sed del cielo caído,
la lechuga se repliega hasta ser un punto vagamente verde,
el maíz no ha despertado / de su luna / ni con las oraciones.
Y me miras como si abriera mis costillas y los dioses
y los petirrojos se escaparan para nunca más residir
las piedras, como si mi boca fuera un derrumbe
y si el silencio no sobreviviera a su último grito,
como si las palabras agrias –¡el sol se está quemando!—
encontraran al fin en el caos su unívoco oyente,
como si te hubieras apagado / para siempre / en mis ojos.
Y te miro, te estoy mirando: no eres tú la que está lejos,
todavía permaneces detrás de ti misma, aquí,
asediada de todo lo que no es muerte, tratando de atajar
tu dispersión sin acatar el dictado de la angustia,
todavía no cedes a correr alrededor de tu mirada perdida
hasta lograr en el fuego de lo posible la luz de tus ojos
donde el sol y el mundo / y mirarte / todavía están a salvo.
maraña de rostros en ascenso, ¡el sol se está quemando!,
la tierra ha perdido el suelo, huele a pimienta de metralla,
la parcela se alisa de espejismo hasta reflejar ninguna nube,
solo las lenguas con moscas de sed del cielo caído,
la lechuga se repliega hasta ser un punto vagamente verde,
el maíz no ha despertado / de su luna / ni con las oraciones.
Y me miras como si abriera mis costillas y los dioses
y los petirrojos se escaparan para nunca más residir
las piedras, como si mi boca fuera un derrumbe
y si el silencio no sobreviviera a su último grito,
como si las palabras agrias –¡el sol se está quemando!—
encontraran al fin en el caos su unívoco oyente,
como si te hubieras apagado / para siempre / en mis ojos.
Y te miro, te estoy mirando: no eres tú la que está lejos,
todavía permaneces detrás de ti misma, aquí,
asediada de todo lo que no es muerte, tratando de atajar
tu dispersión sin acatar el dictado de la angustia,
todavía no cedes a correr alrededor de tu mirada perdida
hasta lograr en el fuego de lo posible la luz de tus ojos
donde el sol y el mundo / y mirarte / todavía están a salvo.
29 de marzo de 2022