Hotarubi
Poeta recién llegado
La última gota de té.
Ayer me enteré de que las mariposas negras
anidan en los pulmones del ángel Azrael,
Aún con optimismo pregunté:
¿No existe el color para las manos de la muerte?
Arrogante fue entonces la lágrima que surgió de su anhelo,
caprichosa, se arrastró ralentizando el tiempo
babeante, como un caracol
maleable, como el cristal caliente.
Amparada en la oscuridad de la noche
un galgo la bebió
y no quedó más que desazón en su lengua,
la aspereza de la sal, que se pierde
en la saliva de un lobo hambriento.
Intenté acariciar las alas de uno de sus suspiros
pero se deshizo entre mis dedos,
el lepidóptero cayó hasta enmudecer el silencio
Cloc.
.
.
Como una gota de té
que mancha mi ropa
el cadáver del insecto.