Hotarubi
Poeta recién llegado
Siendo una cosa sin nombre
Me desangro sobre tu cuerpo
como las raíces de una orquídea azul
que se prolongan en busca del sol.
Y de mis venas nacen mariposas
confundidas, pensamientos
que se posan en la espuma de la ola
¿Asumir o volar?
Y aquí sigo, no me oyes, pero aquí estoy,
exprimiendo mis pulmones
para calmar tu sed.
Aquel día el cielo era un acuario de peces rotos
y el mar, una palangana de arena.
¿Te acuerdas?
Me bañaba en tus pupilas,
desnuda en el vítreo,
pero aún así, no me mirabas.
Pobre tacto que es ciego,
incapaz de ver mis manos acariciar tu dermis.
Yo quería ser inmanente, el vórtice de un eco,
pero la remembranza, incomoda al sueño
como la peonza que cede ante la gravedad.
Ya no existía, no existía nada.
Un vuelo sin proyecto, una cosa sin nombre,
un último suspiro antes de asumir que
la cresta de la ola no era el pétalo del aster,
cada ser pertenece a un mundo
y cada mundo a un tiempo.
Me desangro sobre tu cuerpo
como las raíces de una orquídea azul
que se prolongan en busca del sol.
Y de mis venas nacen mariposas
confundidas, pensamientos
que se posan en la espuma de la ola
¿Asumir o volar?
Y aquí sigo, no me oyes, pero aquí estoy,
exprimiendo mis pulmones
para calmar tu sed.
Aquel día el cielo era un acuario de peces rotos
y el mar, una palangana de arena.
¿Te acuerdas?
Me bañaba en tus pupilas,
desnuda en el vítreo,
pero aún así, no me mirabas.
Pobre tacto que es ciego,
incapaz de ver mis manos acariciar tu dermis.
Yo quería ser inmanente, el vórtice de un eco,
pero la remembranza, incomoda al sueño
como la peonza que cede ante la gravedad.
Ya no existía, no existía nada.
Un vuelo sin proyecto, una cosa sin nombre,
un último suspiro antes de asumir que
la cresta de la ola no era el pétalo del aster,
cada ser pertenece a un mundo
y cada mundo a un tiempo.