Alprazolam

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Dice este señor que en el cerebro mantengo atrapada
una bestia de icores, cables chamuscados
e imanes para los murciélagos y las Putas asesinas, de Bolaño.
Soy yo, bata blanca, esa bestia,
y si estoy encerrado es porque no puedo ir más allá de un movimiento de dedos,
con el lápiz sin punta o una escopeta para acribillar a las moscas de la futilidad,
correr, y correr, y correr, y siempre encontrarme en el mismo sitio, ladrando,
verterme en estas notas, verterme a chorros babeantes
por los ojos impertinentes ante el perro atropellado
y las madres que caminan detrás de los cadáveres sin espalda fija,
por el ojo ciego que escupe en la oscuridad húmeda, sin desbaratar el hueco
de los lugares comunes para el acto de correrse y fumarse un Chesterfield
como el supremo anticlímax de un silencio de fantasmas,
y volver a la luz al final del túnel y la luz es insípida, siempre a gatas,
un hueso del sol roído por los mercachifles y los doctores y la muerte.
Ande usted, galeno bifocal, trepane, efectúe la lobotomía,
libere a la bestia y deje entrar a las jirafas y los mandriles de culo rojo
a este naufragio (Juanito supurándole las tetas a la Rosa
antes de que nos liofilice el pito y su gravedad chupe arrugas inclementes);
pero hágalo con todos, empezando por usted mismo,
con su barbita rubia en candado que delata sus fetiches, su ansiedad monocular,
libere a todas esas pobres bestias amarradas en nudos imbéciles de dopamina
y que el mundo sea un bestiario de Jeckilles, una furia ciega
sin más contrato social que declarar: me salió un grano en el occipucio,
se me escapa el cabello por la alcantarilla,
a mi esposa le gusta meterme la lengua,
sin que el Estado Benefactor diga: Dale un puto alprazolam,
y lo quiero de vuelta el lunes en la oficina.

08 de junio de 2022
 
Última edición:
Dice este señor que en el cerebro mantengo atrapada
una bestia de icores, cables chamuscados
e imanes para los murciélagos y las Putas asesinas, de Bolaño.
Soy yo, bata blanca, esa bestia,
y si estoy encerrado es porque no puedo ir más allá de un movimiento de dedos,
con el lápiz sin punta o una escopeta para acribillar a las moscas de la futilidad,
correr, y correr, y correr, y siempre encontrarme en el mismo sitio, ladrando,
verterme en estas notas, verterme a chorros babeantes
por los ojos impertinentes ante el perro atropellado
y las madres que caminan detrás de los cadáveres sin espalda fija,
por el ojo ciego que escupe en la oscuridad húmeda, sin desbaratar el hueco
de los lugares comunes para el acto de correrse y fumarse un Chesterfield
como el supremo anticlímax de un silencio de fantasmas,
y volver a la luz al final del túnel y la luz es insípida, siempre a gatas,
un hueso del sol roído por los mercachifles y los doctores y la muerte.
Ande usted, galeno bifocal, trepane, efectúe la lobotomía,
libere a la bestia y deje entrar a las jirafas y los mandriles de culo rojo
a este naufragio (Juanito supurándole las tetas a la Rosa
antes de que nos liofilice el pito y su gravedad chupe arrugas inclementes);
pero hágalo con todos, empezando por usted mismo,
con su barbita rubia en candado que delata sus fetiches, su ansiedad monocular,
libere a todas esas pobres bestias amarradas en nudos imbéciles de dopamina
y que el mundo sea un bestiario de Jeckilles, una furia ciega
sin más contrato social que declarar: me salió un grano en el occipucio,
se me escapa el cabello por la alcantarilla,
a mi esposa le gusta meterme la lengua,
sin que el Estado Benefactor diga: Dale un puto alprazolam,
y lo quiero de vuelta el lunes en la oficina.

08 de junio de 2022
Qué locura, qué locura. Es mejor estar locos.
Un gusto leerte.
 
Dice este señor que en el cerebro mantengo atrapada
una bestia de icores, cables chamuscados
e imanes para los murciélagos y las Putas asesinas, de Bolaño.
Soy yo, bata blanca, esa bestia,
y si estoy encerrado es porque no puedo ir más allá de un movimiento de dedos,
con el lápiz sin punta o una escopeta para acribillar a las moscas de la futilidad,
correr, y correr, y correr, y siempre encontrarme en el mismo sitio, ladrando,
verterme en estas notas, verterme a chorros babeantes
por los ojos impertinentes ante el perro atropellado
y las madres que caminan detrás de los cadáveres sin espalda fija,
por el ojo ciego que escupe en la oscuridad húmeda, sin desbaratar el hueco
de los lugares comunes para el acto de correrse y fumarse un Chesterfield
como el supremo anticlímax de un silencio de fantasmas,
y volver a la luz al final del túnel y la luz es insípida, siempre a gatas,
un hueso del sol roído por los mercachifles y los doctores y la muerte.
Ande usted, galeno bifocal, trepane, efectúe la lobotomía,
libere a la bestia y deje entrar a las jirafas y los mandriles de culo rojo
a este naufragio (Juanito supurándole las tetas a la Rosa
antes de que nos liofilice el pito y su gravedad chupe arrugas inclementes);
pero hágalo con todos, empezando por usted mismo,
con su barbita rubia en candado que delata sus fetiches, su ansiedad monocular,
libere a todas esas pobres bestias amarradas en nudos imbéciles de dopamina
y que el mundo sea un bestiario de Jeckilles, una furia ciega
sin más contrato social que declarar: me salió un grano en el occipucio,
se me escapa el cabello por la alcantarilla,
a mi esposa le gusta meterme la lengua,
sin que el Estado Benefactor diga: Dale un puto alprazolam,
y lo quiero de vuelta el lunes en la oficina.

08 de junio de 2022
Benzodiacepina y a la oficina.
Un abrazo, Pedro.
 
En realidad es mi homenaje al tecladista de los Depeche Mode que falleció la semana pasada.
Otro abrazo.
Me enteré, pero desde que Luciano colgó los tenis, sigo escuchando cualquier cosa que no sea rock, no sé si sea rock los que hacia tu amigo de los Depeche, pero ignoraba su existencia hasta que me enteré de su muerte, anodina como todas, singular como ninguna. Menos reguetón, más empatía, más sintetizador. Gracias, amigo.
 
Última edición:
Me enteré, pero desde que Luciano colgó los tenis, sigo escuchando cualquier cosa que no sea rock, no sé si sea rock los que hacia tu amigo de los Depeche, pero ignoraba su existencia hasta que me enteré de su muerte, anodina como todas, singular como ninguna. Menos reguetón, más empatía. Gracias, amigo.
Es mi banda regalona y una señal de que ya hay que mirarnos el carnet de identidad.
 
Hay algunos poetas que cuando veo que publican un poema en el foro, tranquilamente me voy a la nevera a por una cervecita, enciendo un cigarrito y me acomodo en el sillón, porque sé que voy a pasar un rato de puta madre y a disfrutar de muy buena poesía. Y claro, nunca defraudan. Eso me pasa contigo, amigo. El poema tiene todo lo que me gusta de un poema: un contenido interesante, buenas imágenes, bilis, lírica realista (que es la de mejor buqué :)), ingenio y potencia narrativa.
Y bueno, ciertamente qué sería de los habitantes del mundo actual sin las benzodiacepinas, a falta de lenguas que nos quieran bien y de batas blancas heterodoxos (que no brujos), la humanidad moderna no sabemos por dónde nos andamos, ... aunque en verdad nunca nos fue fácil que se diga.
A mí que lamentablemente no me gustan las hierbas mágicas y no tomo pastis, estoy esperando que inventen una inteligencia artificial pequeñita, implantable en el cerebro, para que se complique la vida un poco por mí y cortocircuite mis crecientes instintos hydeianos, ... y de paso también una colega de última generación made in Japan -modelo Charlize Theron- que me haga ver otra luz, más de colores, al final del túnel, a gatas o no.
Un verdadero placer de lectura, Pedro. Abrazo grande, colega.
 
es un poema extraño, bróder.

pero los poemas extraños siempre son tuanis pa leer.

tiene por supuesto, un sustrato de tendencia realista, pero tiene más cosas... yo diría que el teibol es mejor que los fármacos, y que el mezcal mejor que cualquier poema del kerouac, pero la vida a veces es un puto hospital mental: y bueno, tendríamos que quitarnos la camisa de fuerza.

salud, pues.
 
Dice este señor que en el cerebro mantengo atrapada
una bestia de icores, cables chamuscados
e imanes para los murciélagos y las Putas asesinas, de Bolaño.
Soy yo, bata blanca, esa bestia,
y si estoy encerrado es porque no puedo ir más allá de un movimiento de dedos,
con el lápiz sin punta o una escopeta para acribillar a las moscas de la futilidad,
correr, y correr, y correr, y siempre encontrarme en el mismo sitio, ladrando,
verterme en estas notas, verterme a chorros babeantes
por los ojos impertinentes ante el perro atropellado
y las madres que caminan detrás de los cadáveres sin espalda fija,
por el ojo ciego que escupe en la oscuridad húmeda, sin desbaratar el hueco
de los lugares comunes para el acto de correrse y fumarse un Chesterfield
como el supremo anticlímax de un silencio de fantasmas,
y volver a la luz al final del túnel y la luz es insípida, siempre a gatas,
un hueso del sol roído por los mercachifles y los doctores y la muerte.
Ande usted, galeno bifocal, trepane, efectúe la lobotomía,
libere a la bestia y deje entrar a las jirafas y los mandriles de culo rojo
a este naufragio (Juanito supurándole las tetas a la Rosa
antes de que nos liofilice el pito y su gravedad chupe arrugas inclementes);
pero hágalo con todos, empezando por usted mismo,
con su barbita rubia en candado que delata sus fetiches, su ansiedad monocular,
libere a todas esas pobres bestias amarradas en nudos imbéciles de dopamina
y que el mundo sea un bestiario de Jeckilles, una furia ciega
sin más contrato social que declarar: me salió un grano en el occipucio,
se me escapa el cabello por la alcantarilla,
a mi esposa le gusta meterme la lengua,
sin que el Estado Benefactor diga: Dale un puto alprazolam,
y lo quiero de vuelta el lunes en la oficina.

08 de junio de 2022
Es que sí, MiFlaco, tan exhaustiva es la búsqueda: que sí debajo del colchón, que si en el ropero, que sí tras las cortinas, que si en el bolsillo... pero, no. La Bestia está en uno, la Bestia es uno; que nos devoramos sin piedad, sin dejar un resto siquiera pa' la autopsia. Nomás toca amansarla cada doce horas.
 

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