Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Dice este señor que en el cerebro mantengo atrapada
una bestia de icores, cables chamuscados
e imanes para los murciélagos y las Putas asesinas, de Bolaño.
Soy yo, bata blanca, esa bestia,
y si estoy encerrado es porque no puedo ir más allá de un movimiento de dedos,
con el lápiz sin punta o una escopeta para acribillar a las moscas de la futilidad,
correr, y correr, y correr, y siempre encontrarme en el mismo sitio, ladrando,
verterme en estas notas, verterme a chorros babeantes
por los ojos impertinentes ante el perro atropellado
y las madres que caminan detrás de los cadáveres sin espalda fija,
por el ojo ciego que escupe en la oscuridad húmeda, sin desbaratar el hueco
de los lugares comunes para el acto de correrse y fumarse un Chesterfield
como el supremo anticlímax de un silencio de fantasmas,
y volver a la luz al final del túnel y la luz es insípida, siempre a gatas,
un hueso del sol roído por los mercachifles y los doctores y la muerte.
Ande usted, galeno bifocal, trepane, efectúe la lobotomía,
libere a la bestia y deje entrar a las jirafas y los mandriles de culo rojo
a este naufragio (Juanito supurándole las tetas a la Rosa
antes de que nos liofilice el pito y su gravedad chupe arrugas inclementes);
pero hágalo con todos, empezando por usted mismo,
con su barbita rubia en candado que delata sus fetiches, su ansiedad monocular,
libere a todas esas pobres bestias amarradas en nudos imbéciles de dopamina
y que el mundo sea un bestiario de Jeckilles, una furia ciega
sin más contrato social que declarar: me salió un grano en el occipucio,
se me escapa el cabello por la alcantarilla,
a mi esposa le gusta meterme la lengua,
sin que el Estado Benefactor diga: Dale un puto alprazolam,
y lo quiero de vuelta el lunes en la oficina.
una bestia de icores, cables chamuscados
e imanes para los murciélagos y las Putas asesinas, de Bolaño.
Soy yo, bata blanca, esa bestia,
y si estoy encerrado es porque no puedo ir más allá de un movimiento de dedos,
con el lápiz sin punta o una escopeta para acribillar a las moscas de la futilidad,
correr, y correr, y correr, y siempre encontrarme en el mismo sitio, ladrando,
verterme en estas notas, verterme a chorros babeantes
por los ojos impertinentes ante el perro atropellado
y las madres que caminan detrás de los cadáveres sin espalda fija,
por el ojo ciego que escupe en la oscuridad húmeda, sin desbaratar el hueco
de los lugares comunes para el acto de correrse y fumarse un Chesterfield
como el supremo anticlímax de un silencio de fantasmas,
y volver a la luz al final del túnel y la luz es insípida, siempre a gatas,
un hueso del sol roído por los mercachifles y los doctores y la muerte.
Ande usted, galeno bifocal, trepane, efectúe la lobotomía,
libere a la bestia y deje entrar a las jirafas y los mandriles de culo rojo
a este naufragio (Juanito supurándole las tetas a la Rosa
antes de que nos liofilice el pito y su gravedad chupe arrugas inclementes);
pero hágalo con todos, empezando por usted mismo,
con su barbita rubia en candado que delata sus fetiches, su ansiedad monocular,
libere a todas esas pobres bestias amarradas en nudos imbéciles de dopamina
y que el mundo sea un bestiario de Jeckilles, una furia ciega
sin más contrato social que declarar: me salió un grano en el occipucio,
se me escapa el cabello por la alcantarilla,
a mi esposa le gusta meterme la lengua,
sin que el Estado Benefactor diga: Dale un puto alprazolam,
y lo quiero de vuelta el lunes en la oficina.
08 de junio de 2022
Última edición: