Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
Hoy desperté pensando en ti, comencé al amanecer en la que al levantarme de la cama fui y clavé los codos sobre el pretil de la ventana esperando ver cómo la luna se colgaba de la grúa que sube a la estructura, día con día, el material que finalmente será un nuevo edificio y que ocultará para siempre aquellos que juntos conocimos.
Te volví a ver en el humo del primer cigarro que sigue tratando de adivinar tu rostro mientras se aleja sin ningún pendiente con el viento que viene de la calle; te pensé a mi lado preguntándome como lo hacías algunas veces ¿qué tanto miras al abrir la ventana que te quedas embobado hasta que salgo de la ducha? y ¡demonios! escuché tu voz de luz y sombra, de tarde clara y aguacero, de mimo y tormenta; pude oler el perfume del jabón conjugado son el aroma de tu piel recién mojada que como el petricor en el campo mueve emociones que no pueden describirse; despertaste, de nuevo como siempre, aunque ya no se puede, mi apetito de ti, de tu cuerpo, y después del amor que al terminar el amor recién hecho y tu alma de nuevo húmeda a mi lado.
Te pensé tan fuerte y claro, tan a flor de piel, tan necesaria como el horizonte que de vivo cambia y se opone a dejarme sentir como cuando estabas y lo espiabas conmigo; tú sorbiendo tu café con leche y dulce, mientras yo bebo el mio negro, oscuro y amargo.
Due 20/02/22 en una mañana poco práctica, muy cercana a querer cerrar los ojos mientras dura el día.
Te volví a ver en el humo del primer cigarro que sigue tratando de adivinar tu rostro mientras se aleja sin ningún pendiente con el viento que viene de la calle; te pensé a mi lado preguntándome como lo hacías algunas veces ¿qué tanto miras al abrir la ventana que te quedas embobado hasta que salgo de la ducha? y ¡demonios! escuché tu voz de luz y sombra, de tarde clara y aguacero, de mimo y tormenta; pude oler el perfume del jabón conjugado son el aroma de tu piel recién mojada que como el petricor en el campo mueve emociones que no pueden describirse; despertaste, de nuevo como siempre, aunque ya no se puede, mi apetito de ti, de tu cuerpo, y después del amor que al terminar el amor recién hecho y tu alma de nuevo húmeda a mi lado.
Te pensé tan fuerte y claro, tan a flor de piel, tan necesaria como el horizonte que de vivo cambia y se opone a dejarme sentir como cuando estabas y lo espiabas conmigo; tú sorbiendo tu café con leche y dulce, mientras yo bebo el mio negro, oscuro y amargo.
Due 20/02/22 en una mañana poco práctica, muy cercana a querer cerrar los ojos mientras dura el día.
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