danie
solo un pensamiento...
Definitivamente no todo lo de antaño fue mejor
pero lo que, sin dudas, se extraña mucho
son los bodegones.
Esos antros no solo para la familia
sino también para los amigos
en donde se comía y bebía muy bien
y luego se debatía, café por medio, de diversos temas.
En este pequeño pueblo aún, por suerte, tenemos un bodegón.
Y fue el pasado viernes cuando nos juntamos
los más criticones y polémicos del barrio.
Por supuesto no faltaba a Lenin y Marx en la charla,
el tema de los bolcheviques
“que la sociedad no se logra
sin derramamientos de sangre”,
los montoneros y hasta incluso la Cámpora.
El asesinato de Allende, el golpe de estado en Chile,
la dictadura militar en la Argentina, las Malvinas, la inflación.
La dictadura y lucha del proletario,
la ambición sin escrúpulos de burgueses y mercaderes.
Siglos de historia política y humana en un par de horas de café.
En un par de horas de dientes rechinando
y lenguas afilando al clamor de la batalla.
Más allá de que todos defendíamos la causa más justa
solo pensábamos en la victoria, en la conquista del otro
con nuestras palabras.
En el momento que eso se volvió un cotorreó
salí afuera, a la noche,
en la noche no hay cotorras para oír su canto.
Salí del boliche a encender un cigarrillo y pensé:
—las sombras se expanden como bestias enormes
devorando a los hombres
que no tienen sueños ni memorias—.
Y fue cuando las vi, a ellas,
colonizando todo a su paso.
Imponentes, magistrales…
trasladando sus lumbres por toda esa vasta oscuridad.
Era un ejército aéreo
que desplegaba sus mejores helicópteros/Apaches
por los campos de trigo,
las plazas, los bares y así conquistando
hasta los espacios más escondidos y remotos
sin siquiera derramar una gota de sangre,
sin ninguna estúpida batalla que ganar.
pero lo que, sin dudas, se extraña mucho
son los bodegones.
Esos antros no solo para la familia
sino también para los amigos
en donde se comía y bebía muy bien
y luego se debatía, café por medio, de diversos temas.
En este pequeño pueblo aún, por suerte, tenemos un bodegón.
Y fue el pasado viernes cuando nos juntamos
los más criticones y polémicos del barrio.
Por supuesto no faltaba a Lenin y Marx en la charla,
el tema de los bolcheviques
“que la sociedad no se logra
sin derramamientos de sangre”,
los montoneros y hasta incluso la Cámpora.
El asesinato de Allende, el golpe de estado en Chile,
la dictadura militar en la Argentina, las Malvinas, la inflación.
La dictadura y lucha del proletario,
la ambición sin escrúpulos de burgueses y mercaderes.
Siglos de historia política y humana en un par de horas de café.
En un par de horas de dientes rechinando
y lenguas afilando al clamor de la batalla.
Más allá de que todos defendíamos la causa más justa
solo pensábamos en la victoria, en la conquista del otro
con nuestras palabras.
En el momento que eso se volvió un cotorreó
salí afuera, a la noche,
en la noche no hay cotorras para oír su canto.
Salí del boliche a encender un cigarrillo y pensé:
—las sombras se expanden como bestias enormes
devorando a los hombres
que no tienen sueños ni memorias—.
Y fue cuando las vi, a ellas,
colonizando todo a su paso.
Imponentes, magistrales…
trasladando sus lumbres por toda esa vasta oscuridad.
Era un ejército aéreo
que desplegaba sus mejores helicópteros/Apaches
por los campos de trigo,
las plazas, los bares y así conquistando
hasta los espacios más escondidos y remotos
sin siquiera derramar una gota de sangre,
sin ninguna estúpida batalla que ganar.