danie
solo un pensamiento...
Mensaje de chat:
me preguntó ella: tú;¿estás escribiendo?
respondí: estaba escribiendo pero dejé; es que ya me pareció una causa perdida. Es mejor matar enanos a garrotazos.
A la vera de un camino
dos enanos castigaban una flor
mientras le decían:
―Aunque tengas buen olor,
¡no nos gustan las florcitas! ―
Gallardo Drago
(Extraído de la cita perteneciente al libro A bailar esta ranchera, de Horacio Romeu).
***
Estos días leí a un poeta que hablaba de “la garrapata”,
de cómo llegó a su computador ese ser,
ese ente verde como él lo llamó.
Inmediatamente pensé en los duendes
“esos entes usados ampliamente en el campo de la literatura”
que no son criaturas solo de ficción, los duendes y los enanos.
Algunos de estos son muy simpaticones,
me generan una vasta inspiración con sus aspectos anti-fachos.
Y cómo no recordar al gran Laiseca
con sus célebres cuentos, como por ejemplo el publicado en 1982
“Matando enanos a garrotazos”.
Resulta que estos enanos, medios hipeéis,
aunque lamentablemente no lo son, ojalá lo fueran, se creen bien progres.
Enanitos verdes, enanitos de jardín que se meten en tu mate amargo,
en la cajetilla de los cigarros,
en los libros de cuentos que uno lee a altas horas de la noche
y, claro, hasta debajo de la cama
cuando uno se acuesta adormir.
Será que la ideología toma la forma de un enano verde,
musgoso, un monigote que con avaricia/ codicia,
al igual que esa famosa depresión de la fiebre del oro,
te ciega hasta volverte un ser aterrador
digno ser escapado de un espeluznante cuento de Poe.
Sí, bien, el libro hace referencia al plagio de “Pepe” Romeu,
un autor de los años 60 y 70; pero es que yo creo
que la doctrina enana tiende a plagiar la miseria de las masas.
Tiende a sacar en un bache de oscuridad
tu lado más nefasto y lo multiplica, lo clona,
en enanitos… decenas, centenas,
millones de enanitos verdes de jardín
que simplemente habría que aplastarlos como moscas.
No importa los simpaticones que nos parezcan,
es que no es bueno que dejen sus heces enanas
por nuestros bares, plazas, residencias y chozas.
Y no solo hablo del factor contaminante
sino de su rastro de esporas venenosas
que infecta la sangre de todo ser vivo, pensante.
Yo últimamente tengo la mala dicha, porque suerte no es,
de levantar una piedra, tomar un libro, destapar una cerveza, entrar a Instagram
y ver un enano de estos con su sonrisa burlona.
Un ser que me hace un gesto y se ríe, que tira una broma punzante
y la solventa diciendo que fue solo una broma.
Bromea y se vuelve fantasma y vuelve a ser broma
y se ríe de las masas, no con ellas. Estos enanos
que hablan mal del circo, pero como les encantan
ser los payasos del circo.
Es que creo que todo tiende a evolucionar
o en el caso a involucionar
y camuflados como el fantasma de un ideal se denominan
anti-trolls, anti- bullying, anti-lo que sea.
Por cierto, bonita palabra, la anti- todo,
pero se esconden en antiguas instituciones fantasmas
metiendo un candado a las palabras, a las oraciones,
censurando con la discutible frase de que no todo es criticable.
Justo estos enanitos que aman la crítica
pero son tan lobbies globalistas
que no toleran que los critiques.
Sin dudas la nueva doctrina del enanismo
te hacen pensar que se ramifican por las calles y avenidas
de este gran mundo que compra, vende, y vuelve a comprar.
Como son las circunstancias que prefabrican nuevas definiciones, neologismos,
como se redefinió el neofascismo
y, claro, así también yo puedo fundamentar al enanismo.
Y ahora es cuando más pienso
que por estas cosas de matar a los enanos a garrotazos
es cuando uno puede decir: ―¡Carajo! Bien vale la pena vivir―.
me preguntó ella: tú;¿estás escribiendo?
respondí: estaba escribiendo pero dejé; es que ya me pareció una causa perdida. Es mejor matar enanos a garrotazos.
No es cosa de risa
cuando nos declara la guerra
toda una división de enanos de jardín.
Alberto Laiseca.
cuando nos declara la guerra
toda una división de enanos de jardín.
Alberto Laiseca.
A la vera de un camino
dos enanos castigaban una flor
mientras le decían:
―Aunque tengas buen olor,
¡no nos gustan las florcitas! ―
Gallardo Drago
(Extraído de la cita perteneciente al libro A bailar esta ranchera, de Horacio Romeu).
***
Estos días leí a un poeta que hablaba de “la garrapata”,
de cómo llegó a su computador ese ser,
ese ente verde como él lo llamó.
Inmediatamente pensé en los duendes
“esos entes usados ampliamente en el campo de la literatura”
que no son criaturas solo de ficción, los duendes y los enanos.
Algunos de estos son muy simpaticones,
me generan una vasta inspiración con sus aspectos anti-fachos.
Y cómo no recordar al gran Laiseca
con sus célebres cuentos, como por ejemplo el publicado en 1982
“Matando enanos a garrotazos”.
Resulta que estos enanos, medios hipeéis,
aunque lamentablemente no lo son, ojalá lo fueran, se creen bien progres.
Enanitos verdes, enanitos de jardín que se meten en tu mate amargo,
en la cajetilla de los cigarros,
en los libros de cuentos que uno lee a altas horas de la noche
y, claro, hasta debajo de la cama
cuando uno se acuesta adormir.
Será que la ideología toma la forma de un enano verde,
musgoso, un monigote que con avaricia/ codicia,
al igual que esa famosa depresión de la fiebre del oro,
te ciega hasta volverte un ser aterrador
digno ser escapado de un espeluznante cuento de Poe.
Sí, bien, el libro hace referencia al plagio de “Pepe” Romeu,
un autor de los años 60 y 70; pero es que yo creo
que la doctrina enana tiende a plagiar la miseria de las masas.
Tiende a sacar en un bache de oscuridad
tu lado más nefasto y lo multiplica, lo clona,
en enanitos… decenas, centenas,
millones de enanitos verdes de jardín
que simplemente habría que aplastarlos como moscas.
No importa los simpaticones que nos parezcan,
es que no es bueno que dejen sus heces enanas
por nuestros bares, plazas, residencias y chozas.
Y no solo hablo del factor contaminante
sino de su rastro de esporas venenosas
que infecta la sangre de todo ser vivo, pensante.
Yo últimamente tengo la mala dicha, porque suerte no es,
de levantar una piedra, tomar un libro, destapar una cerveza, entrar a Instagram
y ver un enano de estos con su sonrisa burlona.
Un ser que me hace un gesto y se ríe, que tira una broma punzante
y la solventa diciendo que fue solo una broma.
Bromea y se vuelve fantasma y vuelve a ser broma
y se ríe de las masas, no con ellas. Estos enanos
que hablan mal del circo, pero como les encantan
ser los payasos del circo.
Es que creo que todo tiende a evolucionar
o en el caso a involucionar
y camuflados como el fantasma de un ideal se denominan
anti-trolls, anti- bullying, anti-lo que sea.
Por cierto, bonita palabra, la anti- todo,
pero se esconden en antiguas instituciones fantasmas
metiendo un candado a las palabras, a las oraciones,
censurando con la discutible frase de que no todo es criticable.
Justo estos enanitos que aman la crítica
pero son tan lobbies globalistas
que no toleran que los critiques.
Sin dudas la nueva doctrina del enanismo
te hacen pensar que se ramifican por las calles y avenidas
de este gran mundo que compra, vende, y vuelve a comprar.
Como son las circunstancias que prefabrican nuevas definiciones, neologismos,
como se redefinió el neofascismo
y, claro, así también yo puedo fundamentar al enanismo.
Y ahora es cuando más pienso
que por estas cosas de matar a los enanos a garrotazos
es cuando uno puede decir: ―¡Carajo! Bien vale la pena vivir―.
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