Dulce primavera,
divina que yergue
cargada de amores
y nuevos placeres.
Hojas amarillas
volviendo a su verde,
como una canción
afable que vuelve
arrullando el alma
roja del poniente.
Brisas, labios, besos,
a mi mente vienen,
y el aliento triste
al aire se pierde.
Bajo el cielo azul,
ya por la alameda,
un río recita
su canto entre piedras.
Y yo, aquí, callado,
recordando penas,
lejos del hogar
y el alma entre hiedras.
Mi recuerdo, tiene
sólidas cadenas
y un campo sembrado
de viejas esencias.
De niño volé
cual ave que vuela,
luciendo mi dicha
con blanca inocencia.
Fui también un hombre
en la tarde aquella,
y perdí mi dicha
por besos y escenas.
¡Ay verde esperanza,
dulce primavera,
limpia con tus besos
de oro mi tristeza!
divina que yergue
cargada de amores
y nuevos placeres.
Hojas amarillas
volviendo a su verde,
como una canción
afable que vuelve
arrullando el alma
roja del poniente.
Brisas, labios, besos,
a mi mente vienen,
y el aliento triste
al aire se pierde.
Bajo el cielo azul,
ya por la alameda,
un río recita
su canto entre piedras.
Y yo, aquí, callado,
recordando penas,
lejos del hogar
y el alma entre hiedras.
Mi recuerdo, tiene
sólidas cadenas
y un campo sembrado
de viejas esencias.
De niño volé
cual ave que vuela,
luciendo mi dicha
con blanca inocencia.
Fui también un hombre
en la tarde aquella,
y perdí mi dicha
por besos y escenas.
¡Ay verde esperanza,
dulce primavera,
limpia con tus besos
de oro mi tristeza!
Última edición: