El ayer vendrá
a la luz suave del atardecer,
cuando el último beso del dorado
caiga lánguidamente en los caminos
y este, haga sonar el
canto de los pájaros.
El ayer vendrá
y se querellará donde palpitan
los recuerdos con perdurable fuerza,
y el alma, y su quietud, se inquietarán
bajo el súbito impulso de la carne.
El ayer vendrá
con esa melodía dulce, incierta
a la cálida brisa de la noche
en tanto que los labios de la luna
en creciente, del cielo vendrán para
besar plácidamente mi ventana.