Cecilya
Cecy
Dedicado con amor a lo que jamás se olvida.
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Muchos años atrás
cuando la infancia era una alondra feliz
posada frente a la ventana de un tiempo que resplandecía
tú y yo jugábamos juntos en nuestro bosque adorado.
Al otro lado de la calle de tierra
al alcance de los pasos, los permisos y los sueños
recinto de mariposas en las tardes del verano
un templo de fuego sagrado en las hogueras del invierno.
La casa con su jardín era una plaza conocida
un museo sin encanto
el patio de baldosas claras
las rosas, el parral, las uvas
solo orden, solo calma
pero el nombre del bosque significaba aventura
amistad, complicidad
los labios coloreados por las moras silvestres
las pieles rozadas por abrojos y espinas
se nos prendía en el pelo el aroma del verde.
Aquel refugio intrincado y pedregoso
habitado por árboles que tocaban el cielo
era tan desafiante como la vida
vida que templa el espíritu encarcelado en el cuerpo.
Resignación y adultez nos contaron otra historia
dijeron que no volvería la alondra del ventanal
y que al bosque lo mataron crueles dioses de cemento.
No nos hacen falta lágrimas para llorar por él
conservamos unas fotos, para mirarlo y mirarnos
hoy somos aquellos niños, evocación, poesía
simples versos de nostalgia que quieren resucitarlo.
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