Frankos Roda
Poeta recién llegado
Si yo fuera el mar y el viento
y tú un velero a la deriva,
te empujaría a barlovento
y sotavento
sobre las suaves ondas,
¡amada mía!
Si por mis ansias furiosas naufragaras
entre atolones
de virginales islas...
¡Ah,
qué
desdicha!
Ya ni te besarían mis olas ni peinaría con suaves brisas
las crines de tus velas.
Si mis lágrimas en llantos te arribaran
y se unieran apenadas a los restos de tu quilla;
entre cantos de sirenas...
¡Brame el piélago timbales!
¡Silben los múrices sus tubas!,
y sobre un manto inmenso de arena fina...
Leukippe, Evenor y la Atlántida perdida.
te empujaría a barlovento
y sotavento
sobre las suaves ondas,
¡amada mía!
Si por mis ansias furiosas naufragaras
entre atolones
de virginales islas...
¡Ah,
qué
desdicha!
Ya ni te besarían mis olas ni peinaría con suaves brisas
las crines de tus velas.
Si mis lágrimas en llantos te arribaran
y se unieran apenadas a los restos de tu quilla;
entre cantos de sirenas...
¡Brame el piélago timbales!
¡Silben los múrices sus tubas!,
y sobre un manto inmenso de arena fina...
Leukippe, Evenor y la Atlántida perdida.