Solo con las manos atadas
se me concede tocar este suelo.
Y fue lo último que dijo.
Habían usado las cuerdas
de un violín desafinado
para darle tres vueltas al cuello.
Antes de apretarle
las muñecas hasta el crujido.
El otro extremo fue ajustado
a una viga que
se improvisó en el momento.
El silencio tenía la sal justa.
Y ya no le preguntaron
por el cofre.
Tuvo tiempo de fundir
su imagen más pobre en lingotes.
Luego simplemente jalaron
de un tirón seco y violento.
Como si se tratara de un saqueo,
el último robo.
Y todo el mar le entró por los ojos.
se me concede tocar este suelo.
Y fue lo último que dijo.
Habían usado las cuerdas
de un violín desafinado
para darle tres vueltas al cuello.
Antes de apretarle
las muñecas hasta el crujido.
El otro extremo fue ajustado
a una viga que
se improvisó en el momento.
El silencio tenía la sal justa.
Y ya no le preguntaron
por el cofre.
Tuvo tiempo de fundir
su imagen más pobre en lingotes.
Luego simplemente jalaron
de un tirón seco y violento.
Como si se tratara de un saqueo,
el último robo.
Y todo el mar le entró por los ojos.
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