Jorge Salvador
Poeta adicto al portal
Al olor del poder las neuronas huyen
y le entregan al diablo su honor las gentes;
donde exista un buen cargo al que hincar los dientes
hay que ver con qué furia las ansias fluyen…
Mientras alguien se entera y te destituyen,
¿quién no palpa en las sacas resplandecientes?
¿qué más da ante la dicha de ser pudientes
si el sentido común y el rubor se obstruyen…?
Para el hambre comida jamás hay mucha,
la avaricia es metralla que anula el seso
y ni al “quieto” ni al “sobra” ni al “basta” escucha…
La moral se aburrió de pinchar en hueso,
la conciencia ni al otro ni al uno achucha
y tan sólo con Judas ya duerme el beso…
y le entregan al diablo su honor las gentes;
donde exista un buen cargo al que hincar los dientes
hay que ver con qué furia las ansias fluyen…
Mientras alguien se entera y te destituyen,
¿quién no palpa en las sacas resplandecientes?
¿qué más da ante la dicha de ser pudientes
si el sentido común y el rubor se obstruyen…?
Para el hambre comida jamás hay mucha,
la avaricia es metralla que anula el seso
y ni al “quieto” ni al “sobra” ni al “basta” escucha…
La moral se aburrió de pinchar en hueso,
la conciencia ni al otro ni al uno achucha
y tan sólo con Judas ya duerme el beso…
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