Me regalo tu voz como una ofrenda que se cuela por los vidrios rotos, el viento ha despojado a todos los árboles que hasta hoy permanecían quietos.
Y aquí estoy soplada extendida como una isla sin pájaros, después de un temporal.
Meciendo huesos rotos en una silla chueca y coja. Luego seguirá lloviendo como siempre llueve aquí, exageradamente hasta llorar. Me pesan los pies, en tres días caminé una vida entera pasé debajo de puentes y vi niños allí, vi perros, vi nuevamente lágrimas y no llovía.
A veces el mundo es una costra sin cura, una peste, un crucigrama sin resolver. De regreso pienso en las veinticuatro horas en las que no me pensé, ni me sentí.
Me cambiaré de zapatos mañana recorreré el mundo en bicicleta, hasta que regresen los pájaros, los niños y los perros.
Y aquí estoy soplada extendida como una isla sin pájaros, después de un temporal.
Meciendo huesos rotos en una silla chueca y coja. Luego seguirá lloviendo como siempre llueve aquí, exageradamente hasta llorar. Me pesan los pies, en tres días caminé una vida entera pasé debajo de puentes y vi niños allí, vi perros, vi nuevamente lágrimas y no llovía.
A veces el mundo es una costra sin cura, una peste, un crucigrama sin resolver. De regreso pienso en las veinticuatro horas en las que no me pensé, ni me sentí.
Me cambiaré de zapatos mañana recorreré el mundo en bicicleta, hasta que regresen los pájaros, los niños y los perros.