Grazia Deledda (premio Nobel de Literatura 1926), algunos poemas

El regreso de Alfonsina

Poeta que considera el portal su segunda casa

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"Un hombre libre es siempre adecuado para una mujer libre: todo lo que necesitamos es amor"

Grazia Deledda​


Grazia nació en la localidad sarda de Nuoro en 1871 en el seno de una familia acomodada y bien numerosa.
Siguiendo los mandatos de la época y, sobre todo, las restricciones impuestas para las mujeres, no pudo tomar clases regulares fuera de la instrucción primaria por lo que se formó de manera autodidacta en estudios literarios. A los diecisiete años, con escasas herramientas, pero fuerte convicción y talento, escribió cuentos que se publicaron en magazines dedicados a temas femeninos.
Empezó a destacar como escritora con algunos relatos que publicó la revista L'ultima moda. Se considera que su primera obra exitosa se publicó en 1890 y fue En el azul. Al poco tiempo de casarse con Palmiro Madesani, la escritora se traslada a Roma. Desde allí publica Almas honestas (1895) y El viejo de la montaña (1900), ambos trabajos con los que la crítica comienza a interesarse en su trabajo. En paralelo, Grazia también realizaba colaboraciones en la revista La Sardegna, Piccola rivista y Nuova Antologia.
En 1903 se consagra como escritora con la publicación de Elias Portolu, iniciando una prolífera carrera con la escritura sin parar de novelas y obras de teatro, entre ellas Cenizas (1904), La hiedra (1906), Hasta el límite (1911), Colombi e Sparvieri (1912), Cañas al viento (1913), El incendio en el olivar (1918), El Dios de los vientos (1922). Cenizas fue también una película de 1916 interpretada por Eleonora Duse.
En 1926 recibe el premio Nobel de Literatura y se proyecta como escritora de reconocimiento mundial.
Fallece el 15 de agosto del 1936 en Roma.




Dos poemas de su juventud:



Hacia lo desconocido


Y ahora te dejamos, oh rosada, oh bella

ciudad del mar. Adiós. Embarcados hacia

desconocidas playas zarpamos sobre

una vasta nave negra. El golfo ríe

como un lago a la luna, y los faros brillan

sobre el cielo y en las aguas. De la quilla

brota un río de plata, que se eleva

delante luminoso. Con lentitud

se disipa en el horizonte la amada

tierra y declina como estrella el último

faro – ¿Fue acaso un sueño?- El alma extraviada

observa el inmenso círculo del mar

y se atemoriza frente al infinito,

a lo que deja en el pasado, a cuanto

encontrará en el futuro. Pero una voz

querida así le habla: -¿Ves tú la pura

luna que acompañar parece esta nave?

¿Ves la luminosa estela que parece

plateada calle que a la luna lleva?

No te acongojes, oh pequeña salvaje,

no llores si distante ves el celeste

espejismo de tu tierra natal:

el mundo, en todos lados bello, será nuestro

mientras que la dulce y como miel amada

luna de nuestro amor resplandezca:

y resplandecerá siempre, frente a nuestros

pasos extendiendo una brillante senda.


De La Luna de Miel. Publicada por primera vez en Vita Nuova, Rivista mensile illustrata di lettere, arti e scienze; directora Clelia Bertini Attilj: Roma, año II, mayo 1900, n. 6



***

La senda de los sueños


Yo voy por la sidérea
senda de los sueños: sola
en lo profundo de una desierta
isla desconocida;
voy pensativa y sola,
mas no salvaje y muda;
y, del sendero experta,
cruzo osada
de los sueños la callada
estepa verde, siempre.

La hora es tranquila y silenciosa
sobre los matorrales y helechos
de oro, la luz enciende
tenues reflejos dorados
de anochecer; de las encinas
de rubias y delicadas
flores baja un robusto
perfume de potentes
castos sentimientos
de fuerza y juventud.

Yo voy sola: en el cruce,
sobre cuyo fondo, al aire
lácteo, un sutil tembloroso
arbusto desvanece; el mar
lejano, solitaria
vaga visión, aparece;
el mar, que cual amante,
amada y odiada esfinge,
inexorable estrecha
los brazos a mi alrededor.

De a ratos un orgulloso y ardiente
sentido de ignotas cosas
viene de otros mares: como
aliento de funesta
fiebre me sacude: escondidas
vienen con extrañas ropas
larvas infinitas: por el nombre
me llaman, y un encantamiento
que parece risa y es llanto
tejen a su vez danzando.

Y entonces un vértigo
de acres deseos me empuja:
y entonces hacia el cielo
la risa embriagada,
te impreco, oh inicua esfinge,
oh mar fatal y odiado;
es entonces que siento y anhelo
del patrio halcón el vuelo
y del solitario suelo
me alzo invocando al cielo.

¡Los cielos, los cielos! ¡Los vértices
de oro del Arte! ¡A los tronos
más excelsos de la fama
subir! Pero poco a poco
de las arduas visiones
suave me devuelve
a mí una voz; el fuego
bajo destruye la horda
de criminales larvas; y blanco
regresa el rostro una vez más.

Oh dulce voz, oh rezumante
perfumada voz apacible,
de los sueños íntimos y puros
voz, que ríes y cantas
por la desierta senda;
ante ti me inclino: las santas
flores del gordolobo, los puros
lirios y los helechos de oro
beso, perdón imploro,
y sigo mi camino.

Adelante, adelante; el alma
siempre camina y sueña,
no ve nunca las espinas,
ama las cosas buenas,
aborrece la mentira
odia la adulación…
¿Qué importa si el confin
de su camino verde
es ignoto, si se pierde
en tierra, en cielo, en mar?



-------------------------------------



LA PRIMAVERA

El invierno había refrescado también

el color de las rocas. Desde el monte descendían

venas de plata, mil riachuelos silenciosos,

relucientes en el verde vivo de la hierba.

Un sobresalto del torrente en el fondo del valle

entre melocotones y almendras florecidas, y todo era puro,

joven, fresco, bajo la luz plateada del cielo.


Grazia Deledda- Italia

Traducción del italiano al español: Leonel Licea




Somos sardos

Somos españoles, africanos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, pisanos, bizantinos, piamonteses.

Somos la escoba de color amarillo dorado que cae sobre senderos rocosos como enormes lámparas encendidas.

Somos la soledad salvaje, el silencio inmenso y profundo,

el resplandor del cielo, la flor blanca de la jara.


Somos el reino ininterrumpido del lentisco, de las olas que corren sobre el granito antiguo, de la rosa de perro, del viento, de la inmensidad del mar.

Somos tierra de largos silencios, de horizontes vastos y puros, de plantas sombrías, de montañas quemadas por el sol y la venganza.


Somos sardos.

.

Traducción © Matilda Colarossi 2019




Una hoja cae

Cae una hoja que parece

teñida por el sol, que al caer

tiene la iridiscencia de una mariposa;

pero en cuanto llega al suelo

se funde con la sombra, ya muerta.

Tomado de:

https://blogs.transparent.com/italian/grazia-deledda/






https://es.wikipedia.org/wiki/Grazia_Deledda
 
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"Un hombre libre es siempre adecuado para una mujer libre: todo lo que necesitamos es amor"

Grazia Deledda​


Grazia nació en la localidad sarda de Nuoro en 1871 en el seno de una familia acomodada y bien numerosa.
Siguiendo los mandatos de la época y, sobre todo, las restricciones impuestas para las mujeres, no pudo tomar clases regulares fuera de la instrucción primaria por lo que se formó de manera autodidacta en estudios literarios. A los diecisiete años, con escasas herramientas, pero fuerte convicción y talento, escribió cuentos que se publicaron en magazines dedicados a temas femeninos.
Empezó a destacar como escritora con algunos relatos que publicó la revista L'ultima moda. Se considera que su primera obra exitosa se publicó en 1890 y fue En el azul. Al poco tiempo de casarse con Palmiro Madesani, la escritora se traslada a Roma. Desde allí publica Almas honestas (1895) y El viejo de la montaña (1900), ambos trabajos con los que la crítica comienza a interesarse en su trabajo. En paralelo, Grazia también realizaba colaboraciones en la revista La Sardegna, Piccola rivista y Nuova Antologia.
En 1903 se consagra como escritora con la publicación de Elias Portolu, iniciando una prolífera carrera con la escritura sin parar de novelas y obras de teatro, entre ellas Cenizas (1904), La hiedra (1906), Hasta el límite (1911), Colombi e Sparvieri (1912), Cañas al viento (1913), El incendio en el olivar (1918), El Dios de los vientos (1922). Cenizas fue también una película de 1916 interpretada por Eleonora Duse.
En 1926 recibe el premio Nobel de Literatura y se proyecta como escritora de reconocimiento mundial.
Fallece el 15 de agosto del 1936 en Roma.




Dos poemas de su juventud:



Hacia lo desconocido


Y ahora te dejamos, oh rosada, oh bella

ciudad del mar. Adiós. Embarcados hacia

desconocidas playas zarpamos sobre

una vasta nave negra. El golfo ríe

como un lago a la luna, y los faros brillan

sobre el cielo y en las aguas. De la quilla

brota un río de plata, que se eleva

delante luminoso. Con lentitud

se disipa en el horizonte la amada

tierra y declina como estrella el último

faro – ¿Fue acaso un sueño?- El alma extraviada

observa el inmenso círculo del mar

y se atemoriza frente al infinito,

a lo que deja en el pasado, a cuanto

encontrará en el futuro. Pero una voz

querida así le habla: -¿Ves tú la pura

luna que acompañar parece esta nave?

¿Ves la luminosa estela que parece

plateada calle que a la luna lleva?

No te acongojes, oh pequeña salvaje,

no llores si distante ves el celeste

espejismo de tu tierra natal:

el mundo, en todos lados bello, será nuestro

mientras que la dulce y como miel amada

luna de nuestro amor resplandezca:

y resplandecerá siempre, frente a nuestros

pasos extendiendo una brillante senda.


De La Luna de Miel. Publicada por primera vez en Vita Nuova, Rivista mensile illustrata di lettere, arti e scienze; directora Clelia Bertini Attilj: Roma, año II, mayo 1900, n. 6



***

La senda de los sueños


Yo voy por la sidérea
senda de los sueños: sola
en lo profundo de una desierta
isla desconocida;
voy pensativa y sola,
mas no salvaje y muda;
y, del sendero experta,
cruzo osada
de los sueños la callada
estepa verde, siempre.

La hora es tranquila y silenciosa
sobre los matorrales y helechos
de oro, la luz enciende
tenues reflejos dorados
de anochecer; de las encinas
de rubias y delicadas
flores baja un robusto
perfume de potentes
castos sentimientos
de fuerza y juventud.

Yo voy sola: en el cruce,
sobre cuyo fondo, al aire
lácteo, un sutil tembloroso
arbusto desvanece; el mar
lejano, solitaria
vaga visión, aparece;
el mar, que cual amante,
amada y odiada esfinge,
inexorable estrecha
los brazos a mi alrededor.

De a ratos un orgulloso y ardiente
sentido de ignotas cosas
viene de otros mares: como
aliento de funesta
fiebre me sacude: escondidas
vienen con extrañas ropas
larvas infinitas: por el nombre
me llaman, y un encantamiento
que parece risa y es llanto
tejen a su vez danzando.

Y entonces un vértigo
de acres deseos me empuja:
y entonces hacia el cielo
la risa embriagada,
te impreco, oh inicua esfinge,
oh mar fatal y odiado;
es entonces que siento y anhelo
del patrio halcón el vuelo
y del solitario suelo
me alzo invocando al cielo.

¡Los cielos, los cielos! ¡Los vértices
de oro del Arte! ¡A los tronos
más excelsos de la fama
subir! Pero poco a poco
de las arduas visiones
suave me devuelve
a mí una voz; el fuego
bajo destruye la horda
de criminales larvas; y blanco
regresa el rostro una vez más.

Oh dulce voz, oh rezumante
perfumada voz apacible,
de los sueños íntimos y puros
voz, que ríes y cantas
por la desierta senda;
ante ti me inclino: las santas
flores del gordolobo, los puros
lirios y los helechos de oro
beso, perdón imploro,
y sigo mi camino.

Adelante, adelante; el alma
siempre camina y sueña,
no ve nunca las espinas,
ama las cosas buenas,
aborrece la mentira
odia la adulación…
¿Qué importa si el confin
de su camino verde
es ignoto, si se pierde
en tierra, en cielo, en mar?



-------------------------------------



LA PRIMAVERA

El invierno había refrescado también

el color de las rocas. Desde el monte descendían

venas de plata, mil riachuelos silenciosos,

relucientes en el verde vivo de la hierba.

Un sobresalto del torrente en el fondo del valle

entre melocotones y almendras florecidas, y todo era puro,

joven, fresco, bajo la luz plateada del cielo.


Grazia Deledda- Italia

Traducción del italiano al español: Leonel Licea




Somos sardos

Somos españoles, africanos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes, pisanos, bizantinos, piamonteses.

Somos la escoba de color amarillo dorado que cae sobre senderos rocosos como enormes lámparas encendidas.

Somos la soledad salvaje, el silencio inmenso y profundo,

el resplandor del cielo, la flor blanca de la jara.


Somos el reino ininterrumpido del lentisco, de las olas que corren sobre el granito antiguo, de la rosa de perro, del viento, de la inmensidad del mar.

Somos tierra de largos silencios, de horizontes vastos y puros, de plantas sombrías, de montañas quemadas por el sol y la venganza.


Somos sardos.

.

Traducción © Matilda Colarossi 2019




Una hoja cae

Cae una hoja que parece

teñida por el sol, que al caer

tiene la iridiscencia de una mariposa;

pero en cuanto llega al suelo

se funde con la sombra, ya muerta.

Tomado de:

https://blogs.transparent.com/italian/grazia-deledda/






https://es.wikipedia.org/wiki/Grazia_Deledda
Querida Eva, qué alegría me dá que nos hayas traido hasta aquí a esta escritora y poeta,premio Nobel. Que, al menos yó desconocía.
Gracias por este regalo.
Un abrazo.
Isabel
 
Querida Eva, qué alegría me dá que nos hayas traido hasta aquí a esta escritora y poeta,premio Nobel. Que, al menos yó desconocía.
Gracias por este regalo.
Un abrazo.
Isabel
Yo tampoco la había leído, solo sabía de su existencia. De los poemas que he traído los que más me gusta son los dos últimos. El de "Una hoja cae"
me parece tan rotundo y a la vez tan sencillo...con poco, lo dice todo.
Siempre es un gusto descubrir y pasearse por los versos de estas grandes poetas, la verdad que sí.
Un abrazo grande, Isabel.
Gracias por tu compañía,
Eva
 
Yo tampoco la había leído, solo sabía de su existencia. De los poemas que he traído los que más me gusta son los dos últimos. El de "Una hoja cae"
me parece tan rotundo y a la vez tan sencillo...con poco, lo dice todo.
Siempre es un gusto descubrir y pasearse por los versos de estas grandes poetas, la verdad que sí.
Un abrazo grande, Isabel.
Gracias por tu compañía,
Eva
A mi tembién me gusta, más que nada, ese poema, quizás me sorprende encontrar en ellos la misma mirada que, sin conocerla, acompaña nuestra inspiración, mirando a una "hoja al caer".
Un placer de lectura Eva.
Gracias a tí.
Isabel
 
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