Eso voy a tener que hacer, pedir una pizza jajaja
Hola, Luis. Espero encontrarte bien. Estoy interesado en investigar la poesía realista contemporánea. He leído a Bukowski, Iribarren, Wolfe y algo de Ginsberg y Carver, aunque me gustaría centrarme en poetas de lengua española. Me gustaría que me recomendaras autores que conozcas. Gracias y un saludo.
Mi humilde consejo, Carlos, es que si quieres meterte en serio en la poesía realista lo primero es romper casi por completo con el "chip" de la poesía clásica. El ritmo en la poesía realista es sobre todo un ritmo de pensamiento, mucho más cerca de, por ejemplo, el microrrelato o la prosa corta, que del de la poesía más tradicional y sonoramente musical.
También pienso que deberías escribir tu propia poesía realista, sin pretender parecerte a otros autores de esa corriente.
Y bueno, de los autores que mencionas yo me quedo con Bukowsky, a pesar de que tiene poco de actual.
Aquí te dejo cuatro poemas de dos autores actuales, que para mi gusto son de lo mejorcito. Un abrazo.
MANUEL VILAS
-LOS NADADORES NOCTURNOS-
Voy a nadar al gimnasio, sí, prácticamente todos los días.
Bajo el agua parece que el fracaso no existe.
Miro a los otros nadadores de las otras calles de la gran piscina.
Nos miramos vagamente; las gafas de bucear impiden
ver el color de los ojos, ver los rostros torturados.
Nadamos y nadamos como fantasmas hasta las once de la noche,
cuando cierra el gimnasio.
Es obvio que no tenemos dónde ir.
Luego nos vemos en las duchas, desnudos.
Somos cinco o seis.
El encargado nos conoce.
Somos siempre los mismos, a veces falla alguno.
No nos hablamos.
Si falla alguno, pensamos con alegría que se ha atrevido,
que al fin alguno de nosotros lo ha hecho,
que se ha levantado la tapa de los sesos,
hasta que al día siguiente reaparece.
Nos hace ilusión pensar que ya quedamos menos.
Sabemos perfectamente por qué nadamos por la noche.
Hay un bar de copas al lado del gimnasio.
Ninguno de los nadadores nocturnos
quiere llegar a casa a las once y media.
No hay gimnasio con piscina
que abra hasta las seis de la madrugada.
En el bar nos encontramos, no nos hablamos.
Conocemos nuestros rostros, el color de nuestros bañadores,
el modelo de gafas, buenas y caras gafas siempre,
Adidas de competición rojas o azules,
la fuerza en la brazada, el estilo del crol
de cada uno de nosotros, los nadadores nocturnos.
Bebemos en ese bar, regentado por chinos casi muertos,
después de haber nadado hasta el agotamiento.
Bebemos y nadamos, esa es nuestra vida,
pero jamás, nunca jamás nos dirigimos la palabra,
es un pacto, un raro pacto entre samuráis hundidos.
Si alguno de nosotros necesita algo,
solo le prestaremos
el estilete más afilado de España.
La muerte nos gusta, por eso nadamos y nadamos
hasta que el gimnasio cierra y nos echan,
con los brazos convertidos en acero, músculos
tan atormentados, tan desesperados
como los planetas sin nombre,
dando tumbos en la estúpida oscuridad del universo.
Siempre estamos esperando
que alguno no venga nunca más,
pero resistimos como hijos de perra,
todo un misterio de los nadadores nocturnos.
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-LAVABOS-
Imagínate que estás en una comida importante,
que has bebido mucho y te has hecho el gracioso
porque con los tristes nadie queda a comer,
te levantas, buscas el lavabo, te miras al espejo, te tiembla el alma.
Imagínate en un bar, bebiendo muchas cervezas con amigos.
Entras en el lavabo,
después de haber interpretado el icono de la puerta,
donde sale un hombre con chistera, ¿qué hago en este mundo?
Lavabos de gasolineras, de cines, de hospitales, pequeños lavabos
de establecimientos ínfimos.
Lavabos de los bingos, de las autopistas,
de los MacDonald´s, de los colegios,
de los bares de alterne, lavabos sin usar de El Corte Inglés,
lavabos muy usados del Tanatorio de Torrero, lavabos a la intemperie
del Coso de la Misericordia. Lavabos muy limpios últimamente
en todas partes.
Baldosas relucientes y fragancias que descienden de las rendijas del techo.
Quemaduras encima de los secadores de airecaliente con tubo plateado.
Jabones de fresa industrial que no hacen espuma
y no lavan la carne de tus manos.
Espejos grandes. Mucha luz. Muchos vatios.
Y lavabos de lujo con toallas de verdad y grifos gigantescos
imitando a los grifos antiguos.
Y cuando estás allí, ¿en qué piensas?
En qué piensas en esos tres minutos en que te vence ese silencio
y queda suspendida la vida social, la alegría y los chistes,
la máscara y la risa de los bares y de los restaurantes
y te metes allí, y coincides allí con un desconocido
que te dice
“bienvenido a la oscuridad”.
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FABIAN CASAS
-PURO HEAVY METAL-
Ser un hombre grande.
No moral ni espiritual.
Sólo un hombre de cincuenta años
perdido en una selva oscura.
En el bolsillo derecho de la campera
piedras para sujetar al animal
en el otro, la caja liviana y éterea
con nombres fosforescentes: alplax, rivotril, lexotanil,
el alfabeto de los que no pueden dormir (queridos tranquilizantes
les debo un poema hermoso y largo para agradecer
lo que hicieron por mí: la manera en la que activaron
un casamiento, la reunion familiar: esa milicia
que te hostiga hasta debajo de la cama
y que ustedes volvieron obsoleta. Gracias
gracias gracias: no sé por qué tienen mala fama.)
La naturaleza es de derecha: los que no sirven,
los débiles, los tullidos tienen que salir de stock.
La izquierda es un cáncer
con pronósticos inestables. El foquismo,
pura metafísica. La idea de trabajar sobre
la desilución del peronismo,
un cuento de hadas.
¿Y si pudieras encontrar la caja negra
del matrimonio de tus padres, te gustaría escucharla?
¿Distinguirías entre el ruido publicitario
a las voces que te engendraron,
discutiendo una tarde de calor
adentro del auto de cuatro puertas?
Desde que el universo empezó a latir
todo tiende a separarse, en realidad no hay nadie
que no se esté separando: los objetos expandiéndose
en la luz del amanecer, tu hija creciendo
como una planta carnívora que sujeta
al insecto de manera religiosa.
Puro heavy metal.
El Diablo está avergonzado
de que se lo asocie a esa música blanda.
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-SIN LLAVES Y A OSCURAS-
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.
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