José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yo me arremolino pensando
en tu misterio divino, tarde
que vienes arrastrándote,
besando el horizonte con el sol caído.
Tarde pensativa , lentes de porcelana,
los centauros cabalgando se llevan tu luminosidad
viniendo los señores de la oscuridad
con sus flautas largas.
Melenas derrotadas, trigo ocultándose
tras el reino lejano, rosáceo como tu cara,
rojo pasión como tus labios.
Paseando en el ocaso viene mí amada
presumiendo su elegancia
que ni los claveles del cielo pueden igualarla.
Círculo plateado, estimulas mi felicidad,
alumbrando con elegancia, los muelles,
los brillantes prados, los rincones, donde
nos amamos, bajo tu amparo.
Callejones quejosos, no reciben tu halo;
luces que bailando a la noche
con su manto nos van envolviendo
con su mantilla de lunares pálidos y plata.
Rosas sufridas, a oscuras
os quedáis, ateridas porque el sol, vuestro padre,
ha partido de viaje con su equipaje
y ha vuelto vuestra hija pródiga, la luna.