José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vivimos apesadumbrados por los recuerdos,
eslabones oscuros de la cadena,
nidos de víboras desperezándose
sobre la oquedad secreta de la mente.
Árbol sin follaje donde vive un gorrión sin nido,
ebrio de soledad en algún bosque escondido,
entre el ruido de los seres que habitan ese vacío.
Alma errante por la galaxia
donde habita el subconsciente del olvido,
una termita destruyendo tu cortocircuito.
Una lámpara apagada en la neurona
de la vida, un latir los sentidos sin sentir;
es como morir en vida, una pasión sin placer,
odiar hasta el aliento.
Alimentar la llama del ego,
de la certidumbre ciega, el caminar ególatra,
caminando sobre crestas de olas
que acabando su recorrido están muertas;
es sentarse en el trono del empecinado,
sintiéndose alado, endiosado por los astros;
es correr como un corcel sin destino.