IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Ya no ilumina el sol,
suelos de ceniza y papel,
ni la luna domina nuestros sueños,
sueños de tinta, por escribir,
se desparraman ennegrecidos,
por las páginas, por siempre quebradas,
ya no hay sombra que sea esclava,
pertenece a la oscuridad,
la ceniza de su dueño,
de su suelo y de su cielo,
ya no hay viento que silencie los días,
ni muerte que sea tumba de las noches,
ya no hay fortuna que se resista,
a desbordar a todo afortunado,
a morir de hambre,
a buscar su preciada calma, fúnebre,
su paz de mortuoria libertad,
ya no hay soledad que sola se entienda,
porque no existe
compañía que se escuche,
ni pecho que abrigue,
ni ojos que cuiden,
ni mentes que purifiquen sus adentros,
no existe cuento que alcance,
para la fe del muerto,
para la muerte del cielo,
para la aciaga paz del inerte ciego,
no existe cura,
para la hermosura mortal,
para el alma, efímera y eterna,
para la enferma cordura humana del tiempo.
suelos de ceniza y papel,
ni la luna domina nuestros sueños,
sueños de tinta, por escribir,
se desparraman ennegrecidos,
por las páginas, por siempre quebradas,
ya no hay sombra que sea esclava,
pertenece a la oscuridad,
la ceniza de su dueño,
de su suelo y de su cielo,
ya no hay viento que silencie los días,
ni muerte que sea tumba de las noches,
ya no hay fortuna que se resista,
a desbordar a todo afortunado,
a morir de hambre,
a buscar su preciada calma, fúnebre,
su paz de mortuoria libertad,
ya no hay soledad que sola se entienda,
porque no existe
compañía que se escuche,
ni pecho que abrigue,
ni ojos que cuiden,
ni mentes que purifiquen sus adentros,
no existe cuento que alcance,
para la fe del muerto,
para la muerte del cielo,
para la aciaga paz del inerte ciego,
no existe cura,
para la hermosura mortal,
para el alma, efímera y eterna,
para la enferma cordura humana del tiempo.