Cerré mis ojos
para no derramar una lágrima,
apreté mis labios
conteniendo la rabia,
y cerré con fuerza mis manos
para no agarrar al vacío.
Cerré mi mente
para no pensarte,
mi corazón para no esperarte
quedándose mi carné, trémula
y fría como el hielo.
Cosí mis párpados,
al alma puse un candado
mientras el sol se derrumbaba
lento y seguro
y aún así, apareciste.
Al otro lado de mi ventana,
allá fuera, está el mundo,
fuera estás tú, viviendo sin mí.
Yo aquí, al otro lado del silencio,
envuelto en una tristeza sedosa
entre paredes desnudas,
hasta que un eco me pregunta
a quién aguardo.