daniel amaya
Poeta fiel al portal
Mujer claro que te extraño,
en las vitrinas del alma tiemblo y dudo
y los dilemas se explican atados
en la ebriedad de la copas a oscuras,
los designios se embriagan conmigo
chocando trenes y en las trincheras
se escuda el aliento que muere contigo.
¡Tiempo que espinoso eres!
las hojas caen sobre el reposo del alma
en el césped y en la maleza,
las heridas conocen la muerte
y el trance de crepúsculo ardido
deja huellas que sanan en alcohol.
Mujer, en verdad te extraño,
en los días de copas desquiciadas
las verdades se afloran como lotos hambrientos,
el reloj trae consigo memorias perdidas
y el nefasto orgullo se desangra en la bebida,
se explica y no se explica cómo las migajas
caen de la mesa en los días fríos y grises;
¡recordemos al rocío en el herbaje !
la sonrisa sabia de inocencias
en las rosas pálidas,
a los ojos de muñeca viva,
a los caminos de piel dúctil,
a las hebras que desembocan castañas
sobre los riscos del invierno,
¡cuánto te quiero, cuánto !
en las vitrinas del alma tiemblo y dudo
y los dilemas se explican atados
en la ebriedad de la copas a oscuras,
los designios se embriagan conmigo
chocando trenes y en las trincheras
se escuda el aliento que muere contigo.
¡Tiempo que espinoso eres!
las hojas caen sobre el reposo del alma
en el césped y en la maleza,
las heridas conocen la muerte
y el trance de crepúsculo ardido
deja huellas que sanan en alcohol.
Mujer, en verdad te extraño,
en los días de copas desquiciadas
las verdades se afloran como lotos hambrientos,
el reloj trae consigo memorias perdidas
y el nefasto orgullo se desangra en la bebida,
se explica y no se explica cómo las migajas
caen de la mesa en los días fríos y grises;
¡recordemos al rocío en el herbaje !
la sonrisa sabia de inocencias
en las rosas pálidas,
a los ojos de muñeca viva,
a los caminos de piel dúctil,
a las hebras que desembocan castañas
sobre los riscos del invierno,
¡cuánto te quiero, cuánto !
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