Ermenegildo Tiraboschi
Poeta que considera el portal su segunda casa
El nuestro fue un amor
de cieno y aguas bajas,
bajo el velo social de ojos severos,
de nieblas que definen qué es flor,
qué vestidos, ajuares o mortajas
y qué labios sinceros.
Recuerdo nuestras manos temblorosas,
sus miedos a un colmillo moralista,
la sierpes silenciosas
en las orillas grises del recato,
sus lenguas de diatriba terrorista.
Y en mi cuarto, me veo en esos vuelos.
Desconocen las reglas o un contrato
mis planeos de escote, curva y valle.
Casi te toco allí, en aquel pantano
de lo prohibido, el nido de tu talle
las chispas de sudor en las espaldas,
cada cénit, tu vientre en manantial.
Y todo aún lo escaldas
dentro del bien y el mal
de ciénagas o bálsamos, ¡qué importa!
si todo me transporta
al barro familiar y celestial.
Estructura elegida: silva
de cieno y aguas bajas,
bajo el velo social de ojos severos,
de nieblas que definen qué es flor,
qué vestidos, ajuares o mortajas
y qué labios sinceros.
Recuerdo nuestras manos temblorosas,
sus miedos a un colmillo moralista,
la sierpes silenciosas
en las orillas grises del recato,
sus lenguas de diatriba terrorista.
Y en mi cuarto, me veo en esos vuelos.
Desconocen las reglas o un contrato
mis planeos de escote, curva y valle.
Casi te toco allí, en aquel pantano
de lo prohibido, el nido de tu talle
las chispas de sudor en las espaldas,
cada cénit, tu vientre en manantial.
Y todo aún lo escaldas
dentro del bien y el mal
de ciénagas o bálsamos, ¡qué importa!
si todo me transporta
al barro familiar y celestial.
Estructura elegida: silva