Évano
Libre, sin dioses.
Hace años que no escribo. Ahora, la situación mundial me ha empujado a escribir algunos versos, por aquello de aportar un grano de consciencia a la locura inconsciente de un mundo derivando a una posible tercera guerra mundial. ¡Ingenuo de mí!
Escribir en prosa, después de tanto tiempo, viene de un reto con un compañero de Mundopoesia. Pero también como resultado de un premio otorgado a una prosa mía de hace años en esta misma página. No es por el premio, pues bien sé yo las medallas y trofeos míos que andan por ahí, perdidos para siempre. De ajedrez, de atletismo, de fútbol, de un dibujo a acuarela donde niños de todas las razas se daban la mano, un cuadro premiado en Barcelona provincia, dibujado a mis ocho años. Premios de poesía, prosa... No, no es el premio como exaltación del ego lo que me ha gustado; es la visibilidad que se da a un texto con posibilidad de sanar un poco el inmenso dolor causado por la muerte a algunas personas que han perdido a hijos, hermanos, amigos, familiares o conocidos antes de una edad lógica. El texto es verídico por muy extraña que pudiera parecer. No pretendo engañar a nadie, y menos a mí mismo. Solo mostré los hechos, y mi convencimiento total que hay algo más que la vida y la muerte.
Ese relato premiado, con sus posteriores comentarios, me ha forzado, de alguna manera, a contar la misantropía que me aqueja desde hace muchos años, pero especialmente desde el confinamiento de la covid.
Hace años, muchos, y de vez en cuando, veía de algunas personas emanar, y rodearles el cuerpo un aura, una especie de energía sincolor negativa. Dichas personas luego morían o se suicidaban.
En esos hace muchos años, en las primeras veces, sentía compasión, amor, una misericordia al sentir o ver ese aura indefinible e incoloro. Hasta antes del confinamiento por el virus, lo había notado, por ejemplo, en una joven sentada en una mesa junto a su marido y hermano. Tomaban café. A los pocos meses, el marido la descuartizó y la enterró en partes en las jardineras de su casa. Hoy en día todavía hablo con su hermano de vez en cuando, pero nunca de lo sucedido. Aunque creo que se debería hablar del dolor, aunque sea para compartir y desahogarse.
Pero, a partir de la pandemia, sin saber el motivo, me he encontrado con algún familiar, conocido o amigo que he rehuido. Luego, al poco tiempo, todos ellos murieron. Quizá soy como mi perrito Fly y otros animales que huelen la muerte y la enfermedad. Que son capaces de detectar cánceres, autismo y otras sustancias o discapacidades.
Como dije, no pretendo engañar a nadie, solo mostrar que hay algo más que la vida y la muerte. O, por lo menos, que la vida no es ese esquema rígido que creemos.
Estos últimos años me ha ocurrido con un primo, muerto luego por cirrosis aunque no bebía. Me ha ocurrido con varios amigos, varios familiares, unos cuantos conocidos y vecinos de mi barrio.
En estos últimos, a diferencia de los de antes, el aura, la energía sincolor negativa, ese algo que yo detectaba me obligaba a no acercarme, a huir de ellos. Sentía animadversión hacia ellos, una extraña rabia, un odio raro, un sinamor. Pero nada de ello es violento. Simplemente, como dije, actuaba y actúo como mi perrito. Rehúyo de ellos.
Antes no era así. Yo intentaba acercarme para evitar lo que ahora sé inevitable. A mi amigo, que se suicidó un nueve de febrero de hace veintiséis años, se lo dije. No te suicides, Andrés, te queda poco para jubilarte y tienes todo pagado y amigos. De nada sirvió.
Quise, igualmente, acercarme a una joven que había abierto con su marido una cafetería y restaurante. Tomábamos café con croissant mi pareja y yo diariamente. Y no me atreví. ¿Cómo le dices a una extraña que no se suicide de aquí a unos meses?¿Cómo le dices a una ex de un hermano que no se suicide tiempo después, que lo tiene todo todo?¿Cómo le dices a un amigo o a un familiar que acuda rápido al hospital sin que te llamen loco? ¿Cómo se hace para que esto no te afecte?
Esto hizo aflorar en mí una cierta misantropía. Luego, la avaricia y el sinamor, el egoísmo de herencias, el ver en la frente de la gente del mundo tatuado a su dios el dinero y, si además tragas, palpas ves oyes el silencio del mudo ante genocidios, violaciones, niños masacrados... Entonces mi misantropía crece y me rehúyo y me voy a mí mismo.
Un rayo de esperanza me lo dio hace dos días una amiga-conocida que rehuía yo por lo contado anteriormente, a pesar de las quejas de mi perrito que le encanta el perrito que paseaba ella. Me la topé de golpe en una esquina de mi barrio y me dijo que mañana le trasplantan médula de un alemán que es compatible casi al cien por cien con ella. Es la pareja lesbiana de una mujer que recogió mi madre cuando su padre la echó de la suya en la adolescencia. Está muy delgada y parece más diminuta de lo que ya era. Ojalá se cure y sea feliz. Ello me ayudaría con la lucha que tengo contra mi misantropía.
Hay muchas situaciones, historias que la ciencia no es capaz de darles lógica alguna. Yo tampoco puedo y creo que por ahora nadie. Somos hormigas hablando de Plutón, o de la energía nuclear. Nuestras cabezas y nuestros cuerpos llegan hasta donde llegan.
Pero existe algo más en la mente, en la luz, en el aura, en la energía que emana de nosotros y nos envuelve ( y de la que algunos ven un rayo, un poco, una mínima, minúscula parte, una pizca de la inmensidad desconocida que debe haber y hay en ello), hay algo más además de la vida y la muerte que conocemos. ¿Espíritus, almas? Para mí es evidente, muy, pero que muy evidente.
Gracias por leer.
Escribir en prosa, después de tanto tiempo, viene de un reto con un compañero de Mundopoesia. Pero también como resultado de un premio otorgado a una prosa mía de hace años en esta misma página. No es por el premio, pues bien sé yo las medallas y trofeos míos que andan por ahí, perdidos para siempre. De ajedrez, de atletismo, de fútbol, de un dibujo a acuarela donde niños de todas las razas se daban la mano, un cuadro premiado en Barcelona provincia, dibujado a mis ocho años. Premios de poesía, prosa... No, no es el premio como exaltación del ego lo que me ha gustado; es la visibilidad que se da a un texto con posibilidad de sanar un poco el inmenso dolor causado por la muerte a algunas personas que han perdido a hijos, hermanos, amigos, familiares o conocidos antes de una edad lógica. El texto es verídico por muy extraña que pudiera parecer. No pretendo engañar a nadie, y menos a mí mismo. Solo mostré los hechos, y mi convencimiento total que hay algo más que la vida y la muerte.
Ese relato premiado, con sus posteriores comentarios, me ha forzado, de alguna manera, a contar la misantropía que me aqueja desde hace muchos años, pero especialmente desde el confinamiento de la covid.
Hace años, muchos, y de vez en cuando, veía de algunas personas emanar, y rodearles el cuerpo un aura, una especie de energía sincolor negativa. Dichas personas luego morían o se suicidaban.
En esos hace muchos años, en las primeras veces, sentía compasión, amor, una misericordia al sentir o ver ese aura indefinible e incoloro. Hasta antes del confinamiento por el virus, lo había notado, por ejemplo, en una joven sentada en una mesa junto a su marido y hermano. Tomaban café. A los pocos meses, el marido la descuartizó y la enterró en partes en las jardineras de su casa. Hoy en día todavía hablo con su hermano de vez en cuando, pero nunca de lo sucedido. Aunque creo que se debería hablar del dolor, aunque sea para compartir y desahogarse.
Pero, a partir de la pandemia, sin saber el motivo, me he encontrado con algún familiar, conocido o amigo que he rehuido. Luego, al poco tiempo, todos ellos murieron. Quizá soy como mi perrito Fly y otros animales que huelen la muerte y la enfermedad. Que son capaces de detectar cánceres, autismo y otras sustancias o discapacidades.
Como dije, no pretendo engañar a nadie, solo mostrar que hay algo más que la vida y la muerte. O, por lo menos, que la vida no es ese esquema rígido que creemos.
Estos últimos años me ha ocurrido con un primo, muerto luego por cirrosis aunque no bebía. Me ha ocurrido con varios amigos, varios familiares, unos cuantos conocidos y vecinos de mi barrio.
En estos últimos, a diferencia de los de antes, el aura, la energía sincolor negativa, ese algo que yo detectaba me obligaba a no acercarme, a huir de ellos. Sentía animadversión hacia ellos, una extraña rabia, un odio raro, un sinamor. Pero nada de ello es violento. Simplemente, como dije, actuaba y actúo como mi perrito. Rehúyo de ellos.
Antes no era así. Yo intentaba acercarme para evitar lo que ahora sé inevitable. A mi amigo, que se suicidó un nueve de febrero de hace veintiséis años, se lo dije. No te suicides, Andrés, te queda poco para jubilarte y tienes todo pagado y amigos. De nada sirvió.
Quise, igualmente, acercarme a una joven que había abierto con su marido una cafetería y restaurante. Tomábamos café con croissant mi pareja y yo diariamente. Y no me atreví. ¿Cómo le dices a una extraña que no se suicide de aquí a unos meses?¿Cómo le dices a una ex de un hermano que no se suicide tiempo después, que lo tiene todo todo?¿Cómo le dices a un amigo o a un familiar que acuda rápido al hospital sin que te llamen loco? ¿Cómo se hace para que esto no te afecte?
Esto hizo aflorar en mí una cierta misantropía. Luego, la avaricia y el sinamor, el egoísmo de herencias, el ver en la frente de la gente del mundo tatuado a su dios el dinero y, si además tragas, palpas ves oyes el silencio del mudo ante genocidios, violaciones, niños masacrados... Entonces mi misantropía crece y me rehúyo y me voy a mí mismo.
Un rayo de esperanza me lo dio hace dos días una amiga-conocida que rehuía yo por lo contado anteriormente, a pesar de las quejas de mi perrito que le encanta el perrito que paseaba ella. Me la topé de golpe en una esquina de mi barrio y me dijo que mañana le trasplantan médula de un alemán que es compatible casi al cien por cien con ella. Es la pareja lesbiana de una mujer que recogió mi madre cuando su padre la echó de la suya en la adolescencia. Está muy delgada y parece más diminuta de lo que ya era. Ojalá se cure y sea feliz. Ello me ayudaría con la lucha que tengo contra mi misantropía.
Hay muchas situaciones, historias que la ciencia no es capaz de darles lógica alguna. Yo tampoco puedo y creo que por ahora nadie. Somos hormigas hablando de Plutón, o de la energía nuclear. Nuestras cabezas y nuestros cuerpos llegan hasta donde llegan.
Pero existe algo más en la mente, en la luz, en el aura, en la energía que emana de nosotros y nos envuelve ( y de la que algunos ven un rayo, un poco, una mínima, minúscula parte, una pizca de la inmensidad desconocida que debe haber y hay en ello), hay algo más además de la vida y la muerte que conocemos. ¿Espíritus, almas? Para mí es evidente, muy, pero que muy evidente.
Gracias por leer.
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