Zulma Martínez
Mar azul...
Alfombras de oro
Es mediodía. El sol de marzo acaricia el rostro de los ansiosos transeúntes. Una brisa cálida envuelve el paisaje urbano. Al parecer, el verano se niega a rendirse a pesar de haber sufrido, días atrás, algunas derrotas.
De repente, una hojita amarillenta se descuelga de la copa de un árbol de la vereda y, planeando con gracia, cae a mis pies. Luego, otra y otra... Miro la copa del árbol y descubro varias más, abriéndose paso entre la fronda verde. Es que, poco a poco, el otoño corre el telón del tiempo, y aparece en escena.
Pronto se le unirán el viento y el frío, y él se paseará, con aire triunfal, sobre mil alfombras de oro.
Es mediodía;
personas apuradas
hojitas gualdas
Es mediodía. El sol de marzo acaricia el rostro de los ansiosos transeúntes. Una brisa cálida envuelve el paisaje urbano. Al parecer, el verano se niega a rendirse a pesar de haber sufrido, días atrás, algunas derrotas.
De repente, una hojita amarillenta se descuelga de la copa de un árbol de la vereda y, planeando con gracia, cae a mis pies. Luego, otra y otra... Miro la copa del árbol y descubro varias más, abriéndose paso entre la fronda verde. Es que, poco a poco, el otoño corre el telón del tiempo, y aparece en escena.
Pronto se le unirán el viento y el frío, y él se paseará, con aire triunfal, sobre mil alfombras de oro.
Es mediodía;
personas apuradas
hojitas gualdas