Así es, cumpa. Cuando yo iba a laburar a la fábrica en Paysandú, hace nueve años; allá en la fábrica los serenos renegaban con unos descabezados que iban de noche a querer entrar y afanar. Y a mí me sorprendía muchísimo, porque la gran mayoría de la gente allí era muy sana, más sana que de este lado del Río Uruguay.
El problema de ustedes es la cercanía con Buenos Aires y demás ciudades argentinas, los medios de comunicación, y ese gran centro cosmopolita que es Montevideo, que está a merced de nuestros "ejemplos", y otros, que luego reproduce y desparrama.
Pero en todos lados pasa lo mismo. Cuando en los noventas, e incluso antes, nos bombardeaban con películas de ladrones, policías, pandilleros, asesinos psicópatas, y todas esas pelotudeces que llaman "de acción"; yo pensaba: ¿para qué nos bombardean tanto con toda esta idiotez?, ¿porqué en todas las películas, hasta en las que no son "de acción", siempre aparece una pistola; siempre el carilindo o la carilinda de la peli, termina usando la pistola y la usa con una naturalidad y una eficacia que un policía argentino se las envidiaría? Y también aparecía el héroe de la peli tomando cerveza a lo "pavote". Y también empezaban a aparecer las drogas...
En mi ciudad natal, Rosario, a finales de los '80s nos sentábamos en un bar un sábado a la noche, y para acompañar una pizza tomábamos un vino tinto de damajuana mendocino o salteño que era mejor que muchos que ahora se venden en botellitas pitucas, servido en un "pingüino" de vidrio, y no era imposible que alguno agarrara una guitarra y se pusiera a cantar una zamba. Y podías cruzar la ciudad caminando de madrugada y era raro que alguien te molestara, y las drogas eran algo de lo que uno escuchaba comentarios aislados, casi exóticos.
A mediados de los '90s se impuso la cerveza, después la marihuana, después las otras drogas, y las pandillas, después la cumbia villera, que no era cumbia ni villera, el "nuevo san la muerte" y otras cosas raras que venían de Brasil o de Colombia o de qué se yo dónde, pero a siempre a través de la "industria cultural" multinacional yanqui... y el "gil robado", el "pasame la lata", el "yo quiero mi pedazo"... y el imbécil de Tinelli con los "bloopers"... y acá estamos.
Entonces ahora me respondo a mí mismo la pregunta de aquel entonces: para esto era todo ese bombardeo. Y el bombardeo siguió. Y sigue. Y va a seguir. Cada vez peor.
Así como en aquel entonces me daba cuenta de que en algo raro nos estaban metiendo pero no me daba cuenta del todo en qué ni cómo (y al final resultó que era demasiado obvio... tal vez por tan obvio y grosero uno no lo terminaba de asumir), pues ahora también, veo que nos están haciendo mierda con el celular, internet... ya no solo la aculturación como en los '90s (y en realidad, desde los '60s, y de antes también) sino también y sobre todo esta des-culturización... la veo, la siento, me doy cuenta de mi propia "idiotización", a mi alrededor veo a la gente, en promedio, algo más idiotizada que yo, lo que es mucho decir; pero no puedo ver adónde vamos a ir a parar. Solo estoy seguro de que adónde vamos, es una mierda.
Acá en Argentina hubo una época un poco comparable con esto, que pasó a la historia como "década infame", a partir de la crisis económica internacional del '30 y el derrocamiento de Irigoyen ese mismo año, y hasta el golpe de estado de 1943, único caso de un golpe argentino que fue una suerte de contra-golpe, un golpe para derrocar al régimen instalado por el golpe anterior (como siempre liberal y pro británico y pro yanqui) e instalar un régimen distinto. En realidad los golpistas del '43 eran jóvenes oficiales del ejército que iban a ser enviados a combatir a la guerra europea y dijeron "¡ni en pedo!", derrocaron el régimen y sostuvieron la neutralidad y un plan de coyuntura de tiempos de guerra internacional, enfocado en el mercado interno, el protagonismo del Estado, y cierto nacionalismo, no exento de alguna germanofilia.
Aquella "década infame" es la que quedó reflejada en los tangos famosos: el "cambalache", el vale todo, la "mishiadura", la prostitución, el alcohol, el opio, la morfina. Pero aquello fue una década, o trece años. Esto otro, según mi cuenta, ya lleva siete décadas.
Me fui por las ramas. Ya es costumbre. Un abrazo desde el Ande.
Lisandro