Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡Ayuda!, ¡Por favor, imaginero!
Desclávame mi mano lacerada
para limpiar la cara marchitada
de mi Madre, de ver como me muero.
¿Cómo fuiste capaz con tanto esmero
de tallar su tristeza sosegada
sin que una humilde gubia mal llevada
dejara en ella un rostro más severo?
No merece una lágrima escurrirse
ni su rostro tan bello deslucirse
y por eso en tu oficio yo delego.
Cuando la haya limpiado, te lo ruego
me vuelves a clavar, pues es mi sino
y debo proseguir en mi camino.
Desclávame mi mano lacerada
para limpiar la cara marchitada
de mi Madre, de ver como me muero.
¿Cómo fuiste capaz con tanto esmero
de tallar su tristeza sosegada
sin que una humilde gubia mal llevada
dejara en ella un rostro más severo?
No merece una lágrima escurrirse
ni su rostro tan bello deslucirse
y por eso en tu oficio yo delego.
Cuando la haya limpiado, te lo ruego
me vuelves a clavar, pues es mi sino
y debo proseguir en mi camino.
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