José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Latido de sangre gitana
esperando el crujido del viento
por las rendijas con alas
del rastro carmesí de tus letras.
Huella de magnolia
en el silencio de la noche,
dulce olor a azahar
entre los olivos
con vacío a naranjo,
en luna sin alma.
Una nana a Sevilla
donde los jazmines bailan al sol,
penetrando en el murmullo vago del agua
que se ahoga en el zulo
donde mora tu pisada,
enterrada voz convertida
en esencia de verso.
Pintaste las arterias
ensangrentadas de la pasión,
la furia del toro
en el aire quieto de la esquina,
la cotidianeidad del pueblo que habita
en los corpúsculos de tus venas,
como eco mudo de un suspiro.
Los patios no tienen luz de verbo
ni caricias de pluma,
ausente neblina de chimenea
donde el humo con aire de cante jondo
es un beso robado al cielo.
Si la mano tuviera el poder de la nada
una mortaja de aliento bailaría
sobre el alféizar de tu ventana.
Un filo ahogado de violeta
en lecho frío donde el broche del mármol
sea un suspiro de la fragua apagada.
Hoy eres un retrato sin huella,
un alma que nadie visita,
un ruiseñor solemne y bravo
donde la sal sin dulzura
y la hierba sin raíz
es el olor de la piedra que te cuida.
©José Valverde Yuste
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