Zulma Martínez
Mar azul...
Llovizna
En llanto incontenible, el cielo disemina su desconsuelo sobre la geografía urbana. Sorprendida, observo por la ventana cómo el firmamento parece deshacerse en un desasosiego infinito. El otoño deambula sin rumbo, y se extravía entre una y otra fronda que aún conserva un apagado verdor.
Aprovechando la situación, la noche se adelanta e invade el paisaje tiñéndolo con prematuras sombras. La llovizna ahoga, contra las aceras, algunos pasos apurados.
Decido preparar café. El aroma me reconforta y, con el primer sorbo, me dispongo a escribir.
Llovizna fría;
la gente apurada
café caliente
En llanto incontenible, el cielo disemina su desconsuelo sobre la geografía urbana. Sorprendida, observo por la ventana cómo el firmamento parece deshacerse en un desasosiego infinito. El otoño deambula sin rumbo, y se extravía entre una y otra fronda que aún conserva un apagado verdor.
Aprovechando la situación, la noche se adelanta e invade el paisaje tiñéndolo con prematuras sombras. La llovizna ahoga, contra las aceras, algunos pasos apurados.
Decido preparar café. El aroma me reconforta y, con el primer sorbo, me dispongo a escribir.
Llovizna fría;
la gente apurada
café caliente