IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Soles compungidos,
astros dorados,
condenados a implosionar en su quietud,
flores revividas,
se marchita el mar,
y en el cielo dejan de brotar estrellas,
la vida es una desgracia
única e irónica,
brota entre inmundicia abismal,
una nueva forma de dolor,
danzan las raíces con la sangre,
florece toda impureza,
brota la vejez,
brota la enfermedad,
brotará la muerte,
cuando toda semilla,
se canse de sangrar,
vivencias mortales,
quiebran paradigmas
de ceniza y viento,
huidas astrales,
no hay sol que sepa esconderse,
no hay luz que sepa apagarse,
vivimos, dirigidos a implosionar
en nuestro propio alud,
nadamos a contracorriente,
en un mar que oscila destructivamente,
nadamos ahogándonos,
entre una desesperación atemporal,
caemos, siempre avanzando,
avanzamos en compañía de la soledad,
nos encontramos,
por siempre perdidos,
perdemos,
siempre con la suerte de reconocernos,
nos reconocemos,
nunca limpios,
nos quebramos,
por desear alcanzar lo infinito,
les rezamos a los cielos,
cuando nuestros suelos
ya no nos sostienen,
entre altura y menudez,
nos quedamos atascados,
admirando
la degradación de todo hogar.
astros dorados,
condenados a implosionar en su quietud,
flores revividas,
se marchita el mar,
y en el cielo dejan de brotar estrellas,
la vida es una desgracia
única e irónica,
brota entre inmundicia abismal,
una nueva forma de dolor,
danzan las raíces con la sangre,
florece toda impureza,
brota la vejez,
brota la enfermedad,
brotará la muerte,
cuando toda semilla,
se canse de sangrar,
vivencias mortales,
quiebran paradigmas
de ceniza y viento,
huidas astrales,
no hay sol que sepa esconderse,
no hay luz que sepa apagarse,
vivimos, dirigidos a implosionar
en nuestro propio alud,
nadamos a contracorriente,
en un mar que oscila destructivamente,
nadamos ahogándonos,
entre una desesperación atemporal,
caemos, siempre avanzando,
avanzamos en compañía de la soledad,
nos encontramos,
por siempre perdidos,
perdemos,
siempre con la suerte de reconocernos,
nos reconocemos,
nunca limpios,
nos quebramos,
por desear alcanzar lo infinito,
les rezamos a los cielos,
cuando nuestros suelos
ya no nos sostienen,
entre altura y menudez,
nos quedamos atascados,
admirando
la degradación de todo hogar.