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Reflexión 107

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Soles compungidos,
astros dorados,
condenados a implosionar en su quietud,

flores revividas,
se marchita el mar,
y en el cielo dejan de brotar estrellas,
la vida es una desgracia
única e irónica,

brota entre inmundicia abismal,
una nueva forma de dolor,

danzan las raíces con la sangre,
florece toda impureza,

brota la vejez,
brota la enfermedad,
brotará la muerte,
cuando toda semilla,
se canse de sangrar,

vivencias mortales,
quiebran paradigmas
de ceniza y viento,

huidas astrales,
no hay sol que sepa esconderse,
no hay luz que sepa apagarse,
vivimos, dirigidos a implosionar
en nuestro propio alud,

nadamos a contracorriente,
en un mar que oscila destructivamente,

nadamos ahogándonos,
entre una desesperación atemporal,

caemos, siempre avanzando,
avanzamos en compañía de la soledad,
nos encontramos,
por siempre perdidos,

perdemos,
siempre con la suerte de reconocernos,
nos reconocemos,
nunca limpios,
nos quebramos,
por desear alcanzar lo infinito,

les rezamos a los cielos,
cuando nuestros suelos
ya no nos sostienen,

entre altura y menudez,
nos quedamos atascados,

admirando
la degradación de todo hogar.







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Soles compungidos,
astros dorados,
condenados a implosionar en su quietud,

flores revividas,
se marchita el mar,
y en el cielo dejan de brotar estrellas,
la vida es una desgracia
única e irónica,

brota entre inmundicia abismal,
una nueva forma de dolor,

danzan las raíces con la sangre,
florece toda impureza,

brota la vejez,
brota la enfermedad,
brotará la muerte,
cuando toda semilla,
se canse de sangrar,

vivencias mortales,
quiebran paradigmas
de ceniza y viento,

huidas astrales,
no hay sol que sepa esconderse,
no hay luz que sepa apagarse,
vivimos, dirigidos a implosionar
en nuestro propio alud,

nadamos a contracorriente,
en un mar que oscila destructivamente,

nadamos ahogándonos,
entre una desesperación atemporal,

caemos, siempre avanzando,
avanzamos en compañía de la soledad,
nos encontramos,
por siempre perdidos,

perdemos,
siempre con la suerte de reconocernos,
nos reconocemos,
nunca limpios,
nos quebramos,
por desear alcanzar lo infinito,

les rezamos a los cielos,
cuando nuestros suelos
ya no nos sostienen,

entre altura y menudez,
nos quedamos atascados,

admirando
la degradación de todo hogar.







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La ironía de la existencia humana radica en su búsqueda de lo infinito mientras se enfrenta al sufrimiento.

Saludos IgnotaIlusión
 
El poema retrata con fuerza la paradoja de la existencia: belleza y ruina coexisten en un universo condenado a su propia implosión. Cada imagen –el sol que muere, las flores que sangran, el mar que se marchita– revela un mundo donde todo nacimiento lleva en sí mismo la semilla del colapso. La vida se presenta como una danza constante con la impureza, el dolor y la decadencia, una lucha por avanzar aunque cada paso nos acerque más a la pérdida de sentido. En este viaje, el ser humano se reconoce como fragmento errante: lucha, se ahoga, se encuentra solo para volverse a perder. Aun así, persiste, busca, reza. Porque aunque la esperanza se agote, el alma se aferra a los cielos cuando la tierra ya no sostiene. Al final, el poema nos deja contemplando un mundo donde la grandeza y la miseria conviven, y donde la consciencia de nuestra fragilidad es tal vez la única forma de resistencia frente al colapso inevitable.


Saludos cordiales
 

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