F. Noctívago
Poeta recién llegado
Hay un otro que me habita,
no soy yo, pero me nombra;
se me esconde entre la sombra,
me responde, me limita.
No lo elijo, no se quita,
camina en mi misma huella,
me señala sin querella
cuando intento hacerme el ciego,
y aunque nunca lo riego,
siempre crece y más destella.
No lo callo ni lo muevo,
no lo engaño ni lo evito,
es un faro que, erudito,
me susurra lo que apruebo.
Y aunque a veces lo repruebo,
él persiste en su lenguaje.
No es castigo ni es blindaje,
es la parte que no grita,
el otro que en mí cohabita,
sin disfraz y sin chantaje.