SONETO I
Fuiste un árbol de amor, rotunda rama,
de un bosque ya marchito parte a parte
y al retoñar de nuevo, y regresarte,
toda España por fin tu nombre aclama.
Fuiste espejo de vida y roja grama,
bandera de los pueblos y estandarte
que nunca un frente azul logró quebrarte
de una España que en dos de sangre llama.
Fuiste herida de luz y fortaleza
y un rayo que ilumina los bancales
en el campo desnudo de la nada.
Fuiste almendro de nata y de pureza
y nubes de algodón y de hospitales,
y sangre en la pared de un camarada.
SONETO II
¡Ay dolor presentido! dulcemente.
y que huye de la triste sepultura,
primavera de abril y la verdura
huerta del buen Miguel que está creciente.
Pastor de madrugadas. Voz ausente
entre versos de amor y desventura
Josefina era el nombre y la ventura
que calma tu ansiedad humildemente.
Consumida tu frente demacrada
es semilla del trigo renacido
oculta en el barbecho de la nada
sobre la tierra amarga del vencido,
dejando por los surcos de la azada
campos resecos y un dolor transido.
SONETO III
Estabas en tu sueño encarcelado
y el pueblo ya quería conocerte
llegó la madrugada de tu muerte
y un grito de clamor desesperado.
Después, un uniforme despiadado
como una sombra vino, para verte,
dejando un hilo de tu sangre inerte
y el árbol con tu sueño derribado.
Vientos del pueblo cantarán al viento
que ha encendido de nuevo tu mirada
con la luz luminosa de tu acento.
Y qué triste y penosa madrugada
la que dejó tu silbo sin aliento.
¡Maldito el militar, maldita espada!
José Soriano Simón
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Abril 2029