Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Por los zaguanes sin puertas de la locura,
un beso frustrado despierta los párpados asustados
de la espera.
La exención del ser en este tiempo,
imprime con guantes descartables y mediocre autoridad
las ínfimas posibilidades de los peligros que acechan.
Castra con envenenadas sílabas las intenciones
reduce a nada la sonrisa desquiciada
y como respuesta eructa sin pausa con sabor
a arrogancia la ignorancia,
como una bofetada en el rostro de la vida.
II
No sólo sombras trae la errática noche
en sus amoratadas entrepiernas.
En las no adivinadas esquinas
retiene secuestrada bajo sus negras alas
la dulzura extravagante del mismo miedo
y en el mísero riesgo de poder conjugar
el verbo hacer busca respuestas:
Yo hago, tú haces.
él hace, nosotros hacemos, ellos hacen.
Huella, simplemente huellas en la niebla del tiempo.
Embarra sus múltiples pasos sobre los huesos
de un cadáver expuesto en su inmoral final
ante los ojos de un mundo bipolar
que seduce fantasmas por complacer
su más antigua creación:
La existencia de Dios. Mientras Matanbuchus sonríe
la humanidad en sumisión le besa los pies
y Los Doce Patriarcas lloran desconsolados.
Sobre la tibia lengua del eco propio
y gritos ajenos
clama y reclama perpetuando
lo esencial de la espera.
¡Bajen el volumen a la vida!
¡Bajen el volumen a la vida!
-Histéricamente se le escuchó decir.
-¡Refuercen el silencio!
Refuercen el magno y preciado silencio
porque esta realidad colapsa sin poder evitarlo.
La insania virulenta en mi palabra, es momentánea
nanosegundos, sobre el eterno tiempo de las
horas grisáceas de espera.
Ayer lloré la última lágrima
mientras el mundo se burlaba.
Lo han dicho Ellos,
los halcones de pulcro vestir de blanco
y torpe sonrisa congelada en la
ventana del aburrimiento.
¡Está loco!
Está loco de vivir en el caos de la realidad.
Con vehemente miradas
y sincronizados pasos de silencios
la austeridad de una carcajada
rompe el limbo de la cordura de la mañana.
La promiscuidad de las imágenes
grabadas en la terca anarquía de los sexos
desprovistos de sexo le seduce.
¡Adorada insania!
Inanidad del talón del magno tiempo.
¡Te llamo! ¡Te aclamo!
¡Ven! Ven victoriosa.
Ven y clava los fantasmas que ocupan
los oscuros apartamentos de la Santa Noche.
Ven y desangra la cordura
hasta el nuevo amanecer perverso
rodeado con los signos emblemáticos del averno.
III
Vida, amorfa vida,
amo con ternura irracional las arrugas de barro en tu rostro.
Pequeños secretos donde se hilvanan abrazos fríos
dulces charcos de orinas defecando miedo en cuartos de torturas
en donde resguardan el gusano temido de la muerte
en bellos e inmolados cuerpos de anónimos finales.
Tus quijadas de bronce, -vida-
muerden el tiempo, mastican la historia, engullen la nada.
Gota a gota,
frente a mí, se fue llenando la copa de la demencia.
De un solo trago me la bebo
sabe a mierda, a la religión y su arrogancia.
¡Que se condenen en sus cruces de hipocresía
en sus falaces rosarios de arrepentimientos !
La negra sotana y sus sandalias de caridad
revestidas de hipocresía que las empalen
en una plaza pública, sin el mísero perdón.
De los cielos no vendrá castigo ni salvación.
¡Inquisición! ¡Santa, puta Inquisición!
¡Jerusalén! ¡Oh, Jerusalén!
sus monedas de plata no son talismán
para comprar perdón o borran de raíz
las imágenes dementes en sus templos concebidas
por los niños abusados después de brindar
con el cáliz de la salvación.
La inmundicia de este nuevo amanecer
resguarda las sombras que nos muestran
como mutilar alegóricamente los cuerpos que amamos.
La envidia, la codicia: vanidades, vanidades del hombre
son sus temidas herramientas.
El temblor sobre la arena, rescata la huella del pasado.
Al cerrar Él, con sus manitos glotonas de odio
y su blanco uniforme, la puerta de la noche
el silencio levanto murallas de miedo
y en los interminables rincones de exquisitas
esquinas turbulentas
un intermezzo con los silencios crónicos del ocaso:
las imágenes de horror se esconden de la realidad
y un soplo de tiempo en la boca de un Ángel
congela toda lógica.
En los pasillos de la demencia se manosea la razón
y se prostituye el pasado.
IV
Te levantas; otro día ha pasado.
Todo ha cambiado, pero todo sigue igual.
El mismo sol constante y su arrogante luz
las cuatro paredes donde conservas atrapado
en una cajita de música el Universo en su esplendor
destiñendo el olvido de apocalíptico presentir.
La misma cama
el mismo turbulento aletear de tu razón
acosada por otro día.
Somos producto y no respuesta de los pasos andados.
Si estos pasos fueran el eco de mis huellas recorrida
¿callaría mi llanto sin dejar constancia de mi existencia?
Otra vez, el hombre vestido de blanco llama mi atención
es hora de la medicación
y sepulta una pastillita marga en mi garganta.
Aún sostengo en mis manos frías
la llave en forma de un narciso
que cerrará la puerta de los ruidos.
un beso frustrado despierta los párpados asustados
de la espera.
La exención del ser en este tiempo,
imprime con guantes descartables y mediocre autoridad
las ínfimas posibilidades de los peligros que acechan.
Castra con envenenadas sílabas las intenciones
reduce a nada la sonrisa desquiciada
y como respuesta eructa sin pausa con sabor
a arrogancia la ignorancia,
como una bofetada en el rostro de la vida.
II
No sólo sombras trae la errática noche
en sus amoratadas entrepiernas.
En las no adivinadas esquinas
retiene secuestrada bajo sus negras alas
la dulzura extravagante del mismo miedo
y en el mísero riesgo de poder conjugar
el verbo hacer busca respuestas:
Yo hago, tú haces.
él hace, nosotros hacemos, ellos hacen.
Huella, simplemente huellas en la niebla del tiempo.
Embarra sus múltiples pasos sobre los huesos
de un cadáver expuesto en su inmoral final
ante los ojos de un mundo bipolar
que seduce fantasmas por complacer
su más antigua creación:
La existencia de Dios. Mientras Matanbuchus sonríe
la humanidad en sumisión le besa los pies
y Los Doce Patriarcas lloran desconsolados.
Sobre la tibia lengua del eco propio
y gritos ajenos
clama y reclama perpetuando
lo esencial de la espera.
¡Bajen el volumen a la vida!
¡Bajen el volumen a la vida!
-Histéricamente se le escuchó decir.
-¡Refuercen el silencio!
Refuercen el magno y preciado silencio
porque esta realidad colapsa sin poder evitarlo.
La insania virulenta en mi palabra, es momentánea
nanosegundos, sobre el eterno tiempo de las
horas grisáceas de espera.
Ayer lloré la última lágrima
mientras el mundo se burlaba.
Lo han dicho Ellos,
los halcones de pulcro vestir de blanco
y torpe sonrisa congelada en la
ventana del aburrimiento.
¡Está loco!
Está loco de vivir en el caos de la realidad.
Con vehemente miradas
y sincronizados pasos de silencios
la austeridad de una carcajada
rompe el limbo de la cordura de la mañana.
La promiscuidad de las imágenes
grabadas en la terca anarquía de los sexos
desprovistos de sexo le seduce.
¡Adorada insania!
Inanidad del talón del magno tiempo.
¡Te llamo! ¡Te aclamo!
¡Ven! Ven victoriosa.
Ven y clava los fantasmas que ocupan
los oscuros apartamentos de la Santa Noche.
Ven y desangra la cordura
hasta el nuevo amanecer perverso
rodeado con los signos emblemáticos del averno.
III
Vida, amorfa vida,
amo con ternura irracional las arrugas de barro en tu rostro.
Pequeños secretos donde se hilvanan abrazos fríos
dulces charcos de orinas defecando miedo en cuartos de torturas
en donde resguardan el gusano temido de la muerte
en bellos e inmolados cuerpos de anónimos finales.
Tus quijadas de bronce, -vida-
muerden el tiempo, mastican la historia, engullen la nada.
Gota a gota,
frente a mí, se fue llenando la copa de la demencia.
De un solo trago me la bebo
sabe a mierda, a la religión y su arrogancia.
¡Que se condenen en sus cruces de hipocresía
en sus falaces rosarios de arrepentimientos !
La negra sotana y sus sandalias de caridad
revestidas de hipocresía que las empalen
en una plaza pública, sin el mísero perdón.
De los cielos no vendrá castigo ni salvación.
¡Inquisición! ¡Santa, puta Inquisición!
¡Jerusalén! ¡Oh, Jerusalén!
sus monedas de plata no son talismán
para comprar perdón o borran de raíz
las imágenes dementes en sus templos concebidas
por los niños abusados después de brindar
con el cáliz de la salvación.
La inmundicia de este nuevo amanecer
resguarda las sombras que nos muestran
como mutilar alegóricamente los cuerpos que amamos.
La envidia, la codicia: vanidades, vanidades del hombre
son sus temidas herramientas.
El temblor sobre la arena, rescata la huella del pasado.
Al cerrar Él, con sus manitos glotonas de odio
y su blanco uniforme, la puerta de la noche
el silencio levanto murallas de miedo
y en los interminables rincones de exquisitas
esquinas turbulentas
un intermezzo con los silencios crónicos del ocaso:
las imágenes de horror se esconden de la realidad
y un soplo de tiempo en la boca de un Ángel
congela toda lógica.
En los pasillos de la demencia se manosea la razón
y se prostituye el pasado.
IV
Te levantas; otro día ha pasado.
Todo ha cambiado, pero todo sigue igual.
El mismo sol constante y su arrogante luz
las cuatro paredes donde conservas atrapado
en una cajita de música el Universo en su esplendor
destiñendo el olvido de apocalíptico presentir.
La misma cama
el mismo turbulento aletear de tu razón
acosada por otro día.
Somos producto y no respuesta de los pasos andados.
Si estos pasos fueran el eco de mis huellas recorrida
¿callaría mi llanto sin dejar constancia de mi existencia?
Otra vez, el hombre vestido de blanco llama mi atención
es hora de la medicación
y sepulta una pastillita marga en mi garganta.
Aún sostengo en mis manos frías
la llave en forma de un narciso
que cerrará la puerta de los ruidos.
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