` Después que nos estallen los ventrículos y las pupilas, cuando vomitemos las velas y tres mil navidades de nieves rosas y terciopelo roído. Luego que los niños manchados del destino aneguen de carroña nuestras conciencias de papel mojado y nuestros mudos hermanos nos rompan las tripas en su corredor de muertes inoxidables sin ley ni luto. Cuando los pobres adoren a sus mesías de látex y los idiotas que maman de las venas del monstruo se extingan en el plasma del viento. Cuando los robots de carne colapsen entre gigatoneladas de ego y ceniza, y un verso disidente y caprichoso taladre el plástico de sus bramidos -y sus desafinados cantos- al eclosionar la mañana... Entonces mi mundo será catarsis de luz, decreto de futuro, emplumado dios apache, deshorario de trenes, humo azul... Y mientras: Ahogaremos con nuestro aliento la displasia y los retrovisores de los autobuses urbanos, follaremos como olas y medusas sobre la arena de un cristal vengador e irrompible, y fumaremos ocasos rojo guindilla en cualquier playa anochecida y desnuda... Y mientras mi poesía sudará música triste al espejo de tu voz. Y cada instante y cada sol, y cada aliento, y en cada piel, y en cada piel será flor que muerde al desierto. Séneca descifrando sueños de mariposa Dylan mandando callar al abismo. El nudo anclado en la garganta de un hombre que mira las estrellas con fe de cucaracha y lágrimas de dinosaurio.
Topsy, Coney Island Ojalá pudiéramos volver a las buenas costumbres cuando no había mexicanos invadiendo nuestro maravilloso balneario y el sitio de salchichas lo atendían manos blanquísimas, como las nuestras Podíamos interactuar con los igorrotes semidesnudos detrás de una cerca vocalizar un simple saludo a ver si entendían y reírnos de los fenómenos que adoraban nuestra atención: pateábamos hombres pequeños jalábamos las barbas de las mujeres bailábamos con cuerpos de dos cabezas por unos cuantos centavos Y siempre me acordaré de las carcajadas que nos sacaba el domador de la elefanta cuando le daba whisky y cigarrillos encendidos hasta el día en que ella lo aplastó sin piedad alguna Aunque eso no nos haría dejar de divertirnos y hacer el mejor espectáculo de la costa este La vestimos para la ocasión sandalias de la muerte La alimentamos para la ocasión zanahorias con cianuro Y demostramos que la corriente alterna era el mejor invento de la humanidad seis mil seiscientos voltios después, claro, del cine Electrocuting an elephant, 1903 porque podíamos recrear a lo largo de todo el país ese magnífico día en el que nos hicimos respetar como raza y derribamos a esa criatura colosal con el cerebro del tamaño de un bebé. ________
Y una vez que pase la tormenta, no recordarás cómo lo lograste, cómo conseguiste sobrevivir. Ni siquiera estarás seguro de si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa es segura. Cuando salgas de la tormenta, no serás la misma persona que entró. De eso se trata esta tormenta. Haruki Murakami
´ Como Tom Hanks en Forrest Gump cuando al fin dejó de correr, un día decides que ya está bien, que ya no hay cuerpo ni alma que soporte tanta carrera inútil, como si el camino se volviera de repente una jodida pared vertical, como cien caimanes mordiéndote los talones o los callos afeando al mismísimo corazón. Como si ya no te quedara un solo hueso por romperte y aún no has llegado a ningún sitio donde tumbarte bajo cualquier amable lluvia primaveral y mirar la vida como un cuadro que se pinta a sí mismo. Recuerdas ayer cuando esprintabas hasta la misma pechera de tu dios, cuando bailabas en alucinados círculos sobre el hígado enfermo del mundo, y los semáforos en rojo, las calles prohibidas y las trampas lubrificaban tus células de guepardo o de joven tigre enjaulado. Como cuando aterrizabas versos tras aquellas memorables duchas de luna llena o habitabas ese viejo piso sin dirección, de interminable pasillo, y sus infinitas habitaciones con el cartel en sus puertas de no molestar; pero a tu paso se abrían y en cada habitación clavabas tu bandera a la velocidad de los que no saben retroceder ni conjugar las estancias. Porque nunca supiste vivir sin correr y sueñas que corres, pero ya solo sueñas porque el flato acuchilla el motor gastado de antes y los pulmones explotan. Y es entonces cuando alguien te ofrece te regala unas nuevas zapatillas y te dice que hay que morir corriendo, pero tú le dices que ya has muerto demasiadas veces, que el problema son el puto sobrepeso de tu alma y tus pies, que es hora de dejarte volar por la gravedad del sol. Y esa persona te dice que solo vuelan los pájaros y los aviones, que tú no eres un pájaro ni un avión ni estás muerto aún, que son zapatillas mágicas. Suspiras y ríes, te vuelves y revuelves. Pero aun así aceptas las dichosas zapatillas. Y por un momento ya no te duele nada. Reconoces que son hermosas. Y aunque sabes que son de mentira te las calzas una vez más por ella, solamente por ella (y a lo mejor también un poco por ti) _______
BUITRES EN MI JARDÍN El día que Supermán se enganchó a la marihuana en mi reino descorchábamos caprinos desde los campanarios, aplaudíamos el acuchillamiento de mamíferos astados y practicábamos el harakiri (en vivo) a los cerdos. Por aquellos años yo dibujaba sueños y odiaba a los niños con olor a mierda de vaca que chorreaban hostias tras la cerquilla aledaña a un colegio de piedra podrida (materia de los enlatados cerebros de sus progenitores) En la primera cadena explotaba el espíritu de la paloma en doble estéreo e improvisadas distorsiones a una sola mano. Nuestros padres se emborrachaban con vino de rosas y aromas de sangre seca: solera que hervía la bodega de las parroquias obreras y la festividad anual de la Casa de campo. En aquellos años, a nuestros jóvenes mayores aún les sangraban los himnos a capela, se creían a pie juntillas la pirotecnia libertaria y los anuncios musicados de nocilla. Ya entonces se fraguaban cambios terminales en el córtex de los barrios, mientras al sur los negritos del Colacao se empeñaban en seguir muriendo antes de los cuarenta. La floreciente dislexia existencial ya presagiaba el apocalipsis en los imberbes pechos. La engominada hornada de los lacoste acumulaban matrículas de deshonor en evoluciones y ciencias políticas. Los demás remaban hacia el horizonte que dictaban el anti-inmovilismo social y las feromonas de ocasión. Más tarde, yo aún aprendía a abrocharme los verbos en frecuencia modulada, engordando a golpe de tendón y uña la lista de mis futuros crímenes contra la humanidad y la línea crediticia del Corteinglés. A las estatuas se les cayeron los anillos, a los armarios las puertas y a otros el reloj del amor por las alcantarillas de algún paraíso en rebajas. Y Supermán, al fin desintoxicado, estrellaba sus lágrimas de acero contra el techo del planetario de su vieja ciudad technicolor. Allá por mi reino aún se mojaban los sexos y se empalmaban los miembros viriles de los machos ibéricos cuando un ser de cuatro patas doblaba el esqueleto y derramaba su sangre por la tierra. Pero por aquel entonces todavía creía en superhéroes que fundían con su mirada láser a los malos. Muchos años después yo seguía digiriendo padres y seguía escondiendo venas y seguía dibujando sueños. _______ UN HOMBRE Y SU DOLOR Hay un hombre que se muere a cada minuto. Un hombre que le sobran razones para callar, un hombre que tiene motivos de sobra para gritar hasta reventar. Uno que se ahoga en un puzle de conceptos y de estrellas, que cree que la niebla tiene oídos (y que le escucha), que sabe que tras lo oscuro no habitan sombras con dentadura y hambre de lobo. Hay un hombre que a ratos precisa y profesa de dioses y métodos que justifiquen su descomunal pequeñez; que bendigan su intolerable instinto de bestia, y que le permitan fotografiar desde alguna luna de Júpiter el arco iris de sus tribales y deshilvanados hormigueros de hombre. Hay un hombre que necesita de otros hombres y mujeres: mujeres con halo y brisas de madre, de mujeres que alteran las mareas. Un hombre que necesita orgasmos tibios y sencillos (de los de andar por casa), los otros los guarda en el cajón donde crujen y se pudren recortes de cielos caducados y sus perdices momificadas. Que también necesita tormentas de vino y litros de olvido, toneladas de paciencia, gramos de ilusión, moralejas de postre y bandas sonoras para llorar y para llevar. Que necesita también alas de plastilina infantil y paredes con olor a isla y a humo, espejos y sus ismos, paréntesis, brújulas y revólveres (estos últimos cargados de insultos expectorantes y furiosas primaveras) Pero sobre todo, sobre todo, lo que ese hombre necesita son unas manos que acaricien y alivien su endiablada acidez incorpórea, unos labios que compartan y amortigüen su dolor, su inconmensurable dolor por llegar a reconocerse en el turbio e infecto estanque de la (su) memoria humana, ... dolor de no sentir dolor. Hay un hombre que ya no necesita de amores que viajan en burbujas y explotan acribilladas de café y químicas mágicas al amanecer, un hombre que ya no necesita mentiras, tantas y tantas mentiras, engrasadas y sincronizadas como caros relojes suizos. Hay un hombre al filo del abismo de la desesperanza, a punto de romperse en un billón de átomos de insoportable lucidez. Un hombre que entretanto se conforma con respirar, un hombre que ante todo sueña el triunfo del hombre, de ese hombre aún en proceso, de ese hombre con H de humanidad, y con el tan generalizado hábito entre algunos y algunas como él de enfrascarse en estúpidas e infructuosas discusiones con su silencio, a dejarse volar sin límites ni restricciones , a la osadía y potencial pérdida de tiempo de verter, día tras día, en un alarde de estoica aseptitud, su monótono y repetitivo dolor sobre un mudo y jodido papel. _______ LA INDUSTRIA Dentro de la habitación: Insomnio de palomas disecadas. Sombras a pleno rendimiento: Metalurgia de la memoria en estructura de techos altos e inabarcablemente fríos. Planchas gigantes y quejosas, dentadas correas rezuman corazones de culpa o humo entre estertores y relámpagos sin gravedad. Lunas/es de cocaína ante un descolorido calendario de antiguas amantes ataviadas con lencería roja e inerte expresión. Fluye sudor ácido y terrible, desbocado bajo las sábanas y sobre las sucias sienes de los protagonistas del último remake del inframundo. Fuera de la habitación: Un gato negro y viejo (más viejo que negro) araña suavemente la puerta. Clamando en voz baja su oficio de ángel nocturno, su incuestionable derecho a arroparse junto a los pies de su mejor amigo, en su penúltima muerte. _______ LOS GATOS NO TIENEN SOBRINOS No hay madre mejor que ella. Ella, gata blanquinegra y naranja. Dos veces al año trae al mundo tres, cuatro o cinco minigatos. Les amamanta, les protege de los peligros y las inclemencias del tiempo. A veces pasa días sin comer (y se queda como una triste raspa) por estar junto a sus cachorros. Sabe bien de quién fiarse. Les enseña a desconfiar de perros macarras, coches y ciertos humanos. Y cuando cumplen un par de meses se los presenta e intenta endosar a algún tipo con buen fondo pero al que nunca le sedujo demasiado la bonita idea del edén familiar ni la abnegada virtud de criar una prole de futuros capullos: o sea, a mí. _____
´ Ya la luz guardada comienza a doler y es normal anochecernos un poco. Hoy recuerdo esa tarde en una isla del sur de Japón empujando una barcaza junto a unos exhaustos y sorprendidos pescadores nativos -parecíamos bronceados semidioses reflotando el arca del diluvio- En agradecimiento me llevaron gratis a otra isla donde me alojaba y bebía cervezas asahi y dragones negros como si fueran agua. En una capital caribeña vi a la mujer más bella de América. Trabajaba en un casino por un escatológico sueldo y se ofreció a llevarme al paraíso a cambio de 20 dólares USA Juro nunca pagué por sexo (pero esa vez estuve a punto, lo reconozco) Fuera del casino la noche tropical sudaba su febril reggae como si no existiera un jodido mañana. Abdul, un marroquí que me hacía una obra en el piso, me invitó a conocer el humilde paraíso de donde venía. -Familia inacabable, caballos en arena fina, paredes blancas, verdes árboles frutales y verdes plantaciones de marihuana, y a lo lejos siempre el mar- Un día de febrero a principios de los 90, mientras en el viejo Maastricht se cosía la nueva Europa, yo llevaba al implorante Toni a comprar su dosis de polvo de mariposa marrón a la costa de los muertos vivientes. No había nada paradisiaco en aquella costa de barro, flores intravenosas y delgadez horrenda (ese día certifiqué la trampa de los paraísos exprés) Paraísos para recordar y no volver. Paraísos solo para valientes, locos o kamikazes, que se esfuman cada amanecer escapados de entre los dedos en un breve o largo instante, como mueren los ángeles rotos y los sueños. No hay nada transcendente en los paraísos de este mundo ¡y para qué! La transcendencia es un tren que siempre llega vacío y con retraso, los paraísos ignoran vías y nunca regresan. "La transcendencia es la mentira más cómica de todas las mentiras, y los paraísos solo existen a modo de anticipada y fugaz indemnización por los infiernos por venir" ... me lo juraban Mark y Laura hace mil años en aquel bar nocturno de Zaragoza, filosofando como antiguos griegos borrachos mientras compartíamos humo, rayas, rock y birras, una pareja encantadora con acordes grunge y el mejor rollo de España, les había conocido un par de bares antes. Él se marchó al lavabo. Laura y yo nos miramos en silencio (de negro cósmico sus ojos) Entonces la besé y ella me besó. Labios y lenguas pegados alrededor de un minuto. ¿Y esto? me preguntó. No sé, -contesté- Sonrió. Luego regresó Mark y brindamos con tres chupitos de tequila. Creo que se querían. Me gustaban. Continuamos charlando -y riendo- sobre la gloriosa imperfección (y levedad) de los paraísos cuatro o cinco bares más, hasta el último rayo de luna. ______
` De pronto la ves, en ese pasillo, entre la sección de productos de limpieza y la de comida para mascotas. No estás del todo seguro, quizás ella tampoco. Te cuesta recordar su nombre. Su lugar en tu cerebro: un aula casi vacía, el sol de mediodía mordiendo las ventanas, y como patética excusa unos supuestos apuntes olvidados en una carpeta en un supuesto rincón de un pupitre. Lo siguiente una falsa improvisación en forma de invitación para echar un partido de tenis (su chándal te dio la pista) Luego unas cervezas pospartido y un largo beso en la prórroga bajo el marcador siempre amañado en aquellos días de la luna. Se acerca a ti y entabláis conversación. Dos vidas en diez minutos. Su historia: dos adolescentes con su mismo color de ojos y la misma nariz, un boomer amante del golf, una nómina amable, algún roto incosible y un par de arrugas delatoras. La tuya: cuatro verdades a medias, varias sonrisas irónicas disparadas al techo, stock de airadas cicatrices más un cuadro de amnesias bajo llave y con colmillos. Tu memoria empieza a funcionar a destajo, esos hoyuelos al sonreír, ese gesto... Y comprendes por qué aquella excusa en aquel aula. Pero da igual, no es la primera vez que te ocurre (seguro que tampoco la suya) Y es que a veces la vida -cabrona como ella sola- en pleno centro comercial te lleva a la sección de hipotéticas existencias u otras dimensiones. Y entonces en esos momentos solo te salvan una de esas oxigenantes risas de entreacto, uno de esos silencios establecidos con la mirada (siempre de mutuo acuerdo) o una llamada (siempre más que oportuna) en el insensible móvil japonés de última generación. ______
En nuestro planeta existen cuatro grupos animales dependiendo de su grado de inteligencia (capacidad de deducción, percepción acertada de la realidad, toma de decisiones coherentes, sentido común...) 1º- Algunos (pocos) humanos 2º- Grandes simios, algunos mamíferos no humanos, loros, cuervos y algunos humanos 3º- Resto de animales vertebrados no humanos, pulpos, hormigas y algunos humanos 4º- Resto de animales invertebrados y otros (muchos) humanos
` Amo el metro y los trenes de cercanías. Viajar en los trenes de Madrid es poesía pura en vena. Los prefiero con abundante pasaje pero tampoco demasiado llenos. El gobierno se ha empeñado en jubilar mi coche y ambos nos lo tomamos con resignación. -Ay compañero, "amico firmo nil emi melius" que lo sepas- Antes de Cristo, antes de mi Opel Corsa gti -que corría como el diablo sin abs y sin airbags y sin radares y sin controles de alcoholemia- y antes de mi primer invierno nuclear yo viajaba mucho en metro y buses, ¡jóder, cuánto ha llovido de eso! Sí, amo viajar bajo las calles y los edificios de la ciudad; todos son felices en los andenes y vagones en esta nación de luz led y ratas discretas, de felicidad y amor subterráneos. Solo faltan los pájaros, si hubiera pájaros sería la nación perfecta. Los jóvenes -ajenos aún a los big crunchs de la vida- en parejas o grupos, conversan y ríen con sus teléfonos móviles. Todos teclean religiosamente y a la velocidad de la luz, teclean, ríen, hablan y aman sin parar abducidos por sus silícicos apéndices, extrafinos, Apple, japoneses o coreanos. Jóvenes y teléfonos móviles son uno en este inquieto siglo. Y es que todos los jóvenes son hermosos, todos los jóvenes son buena gente, todos los jóvenes son poetas en potencia. En el metro todos los pasajeros son felices hasta los que tienen cara de prohibido el paso y se miran en el cristal de las ventanas de los vagones o leen un libro o el periódico o sus contratos de trabajo o los resultados de sus analíticas de sangre. Miles de almas ateas, creyentes, agnósticas, diestras, zurdas, veletas, eólicas, almas parcheadas, sin gluten, salpicadas con arena de mar, espías de Andrómeda, chicas con deportivas más grandes que ellas, viejos con mirada tan cansada como los hepatocitos de España. Todos son felices y yo tan feliz. Y son felices porque en el metro no existe la soledad. Y son felices porque si de repente uno se desmaya si sufres una lipotimia o te da un infarto incluso si saltas a las vías en un ataque de supremo bajón existencial todos te van a ayudar, van a pedir ayuda con sus bonitos y modernos teléfonos móviles; van a ponerse nerviosos algunos van a llorar a gritar a preocuparse por ti van a detener el tren y van a dejar de reír y de guasapear y de charlar alegremente sobre sus cosas. Te van a ayudar a ti, te van a amar a ti. Porque si Dios existe, no lo dudes, va en metro. El metro y los trenes de cercanías son el verdadero ministerio de la Solidaridad de este puto mundo. Si bombardeara La Aviación enemiga, si hubiera un terremoto devastador o una guerra, incluso una invasión alienígena, todos, juntos, en magnánima comunión habitando los inexpugnables pasillos del metro ayudándose unos a otros como hermanos como hermanos que antes, arriba, no lo eran. Aunque aquí no hay guerras ni terremotos devastadores, esas cosas ocurren en lugares donde no hay ni se imagina metro ni suerte, pero ahora estamos hablando del metro de Madrid. Falsos mapas del tesoro y relatos burbuja ilustran el interior de los vagones. A veces entra un músico y resume algún great hit de Dylan o el maestro Leonard que sorprende y emociona al personal (y les afloja el corazón y los bolsillos) Hoy dejan viajar a los perros con sus humanos, si mi Bart estuviera aún conmigo le llevaría en metro solo para que lo conociera, y seguro montaría La Revolución y algunos pasajeros ya no serían tan felices, pero yo sí. No estaría mal morirse en el metro, un buen lugar para morir: rodeado de amor de gente feliz que nunca te dejarán solo, porque en el metro no hay soledad. Rodando, volando sobre las vías a través de los túneles y entre publicidad mil colores y una voz suave, robótica -casi divina- anunciándote amable la próxima estación. _____
` Ahí van, solos, únicos, pasados de transaminasas, divorciados de cuentos y princesas o príncipes cegatos a los escombros de sus galones y encantos. Ahí van los honrados perdedores con los flaps gastados y sus canas por bandera, con el suero de sus poemas mediocres, con las cuentas siempre en el alambre. Recorriendo los reinos paliativos de la visa, escrutando las ofertas del mes, las novedades que confunden al ocaso de sus ayer explosivas existencias y colorean por un rato el stock de sombras. Dignos perdedores que se resisten como tigres siberianos a tirar la toalla (¡eso nunca!) Ritualmente se iluminan como soles con las lunas de neón esas noches muy jodidas y empatizan con algún felino sintecho al mirarse a los ojos -un respeto cariñoso y mutuo adquirido entre viejos perdedores- Doctorados en la escabrosa ciencia de la supervivencia social, houdinis del disimulo y los silencios amaestrados. Soportan estoicos las fiestas de sus jóvenes vecinos del piso de arriba los sábados sin fin. Ellos, solos, a punto de la siguiente derrota, a un paso de la mutación inevitable en ser leve, ingrávido a los terremotos e incendios transformadores del mundo, cuando en el ascensor se cruzan con su vecina embarazada del piso de arriba, esa chica de 32 con el brillo de la vida en 16K, le dicen buenas tardes y le sonríen, le sonríen de verdad, se alegran de su felicidad, de su juventud, de toda la juventud y felicidad de la galaxia; le sonríen explayando sus corazones de poeta mediocre, de honorable perdedor, y evitan comentar sobre lo conveniente y ante todo gratificante de revisar su gusto musical, -y es que, qué coño vale la vida sin que unas buenas guitarras eléctricas te hayan desvirgado el alma, la sangre, al menos una vez, al menos una - _______
` Arde Internet. Arden las redes y los foros. Increíble. Jesús -el hijo de Dios- ha regresado. Se le ha visto paseando sobre las aguas del río Hudson frente a la Statue of Liberty en New York. No dice nada. Saluda sonriente a la multitud que le observa desde tierra y los abarrotados ferrys. Viste una túnica blanca como la nieve. Debajo solo unos jeans. Helicópteros del FBI sobrevuelan constantemente tan bajo que alborotan su larga melena. Parece un loco. ¿Protocolo de alerta antiterrorista o extraterrestre? Epidemia de onicofagia en la White House. Lleva 24 horas caminando. Más o menos cada 50 minutos se tumba boca arriba sobre el agua con las rodillas dobladas y la nuca apoyada en las manos. Parece que está silbando. Las gaviotas vuelan a coro sobre él dibujando frases en el aire: "ME HAN OBLIGADO A REGRESAR" "HERMANOS MÍOS, ESTO NO PUEDE SEGUIR ASÍ/ OS ESTÁIS CARGANDO EL PLANETA/ Y NO PARÁIS DE JODEROS ENTRE VOSOTROS " "VENGO A PONER UN POCO DE ORDEN/ TRAIGO TODO UN ARSENAL DE NUEVOS MILAGROS" Las redes echan chispas. Dicen cosas como: "Otro extranjero que viene a delinquir y vivir de las ayudas del Estado" "Vaya pintas de vegano perroflauta, fijo que es marica" "A este le ha financiado algún lobby woke al servicio de la agenda 2030 y el supremacismo feminista" "¡Argentino!" Pero Jesús ya no está para sandeces. No está dispuesto a un segundo fracaso. Entonces da una fuerte palmada y la tierra comienza a temblar. Las redes siguen echando chispas: "Eso es censura cabrón" "¡Fascista progre!" "... Aguafiestas" Jesús consulta con su padre. "Estos gilipollas no tienen remedio. Mándales a tomar por culo. Hágase tu voluntad" Y ante la negativa de Satanás ("yo quiero malvados, no zombis") a partir del año uno de la nueva era el hombre vagó por los tenebrosos senderos de la existencia en busca de la santa lucidez por otros dos mil años. Y (de paso) la última luz del último aparato conectado a la red cesó. Y de nuevo se hizo la bendita ciberoscuridad.
` Le recuerdo bajo aquel uniforme Batman style, veinte y algún años, el astra a la cintura en el far west de la aurora madrileña y un aviario roto en la cabeza. Siempre una chica de ayer entre nubes de vinilo y espuma. Pirámide de sueños en 3D Gourmets de veneno dulce y angustias codificadas. 360º de paraíso y piel primaveral. Tuppers y chester a media luz con café mecánico. Eran tiempos de musgo, milagros al por mayor y amor por cable. Carne de volcán. Menú de fluidos y tristezas comestibles. Un entrañable desconocido mastica versos burbujeantes y sangra estrellas con taquicardia allá por sus mil y una crepusculares rendijas. Cual búho flaco (o mosca kamikaze) duelen sin vértigo los días vacíos surfeando olas de asfalto a bordo de flamante black corsa tdi La recuerdo, ángel en jeans. Sol puro en la noche de moda. Pijama azul algodón. Desimagina cumbres sin oxígeno, ríe causas con sabor a tierra y guindilla sobre isobaras de hiperternura. Ella hubiera hecho babear a la ONU y a Wall street juntas, al artista más top de cualquier generación, al primer astronauta en pisar Marte. Alguien decía: "El desapego es la vacuna contra el desengaño" -Boys don´t cry- pero los héroes eléctricos mueren una y otra vez al contacto con el suelo. Tronaban oscuras guitarras en el pecho frágil y entre radioactividades de cremallera mientras aceleraba incontrolable un viejo reloj de arena con vocación de alud y desguace onírico. Juntos descubrieron que el único amor es aquel que sobrevive a los posos del alba, que el abismo se cocina a fuego muy lento y sabe mejor en buena compañía, que la red asesinó a la luna de los hombres lobo o que el cometa Halley transporta horizontes sin terminar y almas de perro. ________
` ¡Qué bueno!, pretendían que me creyera su cuento y su párvula alquimia... Seguro que no sabían de mi antídoto; y es que no hay mejor antídoto contra un veneno que otro veneno más potente. Pues el veneno no siempre es letal ni su toxicidad tan simple como la gran mayoría supone. Tóxico son otras muchas cosas que no precisan ser ingeridas o sin fórmula explicada. Tóxico es una media verdad. Tóxico es una calle sin salida y tóxico es una salida siempre a la misma calle. Tóxico puede ser una flor de colores rabiosamente bellos mezclada en la sopa, tóxico es una sopa para cien estómagos vacíos... ----------- Terraza del Portobello. Centro neurálgico de la Justicia de Madrid. Mañana primaveral del 2002. Lunes. Tres piratas millonarios y otro pirata novato se juegan a los chinos 500 euros en birra, cava, ostras de primera y bogavante. Letrados, procuradores, sus señorías, camareros con dotes de Spiderman, dentro algún famoso imputado; dos rubias lucen nariz nueva & bótox, y un trasojado deudor que discute en voz baja sobre cielos desaprovechados y duendes malignos en manada con su caña de cerveza y unas aceitunas. ¡Marchando seis de arroz con maravillas de las costas del noroeste peninsular! El espléndido sol entre espumas contradice a los agoreros del desastre, a las noches-lapa y sus roedores del sueño. -Amigo, el bicho justo donde estaba, (me dice a la carrera Javi) Le doy, sin bajar la vista, uno de veinte, (hoy me he librado de pagar la fiesta y antes hice el mes en un par de horas) Un mensaje de ella en el móvil, sonrío al sol y él me devuelve la sonrisa. Dos putas vip avalan la sonrisa del sol desde el portal a mi derecha. Arranco la Honda, el horizonte se abre; el futuro cómplice me cede el paso, la ciudad resplandece y el veneno me recorre dulce, dulce esta mañana de primavera. _______
` Ellos, pequeños y curiosos seres de saltos imposibles, en este singular y caótico frijol de la galaxia. Hijos predilectos de Bastet. Numen de Szymborska, Huxley, Kerouac, Warhol, Picasso, Twuain, Mattise, Mercury o la diva Taylor. Garfields, Bolas de Nieve, Romeos, Kittys, Rayitas, Isidoros "atila" o adorables Misus... Pero a ti, que naciste gato callejero sin nombre ni padrinos, te digo: Si fueras un gato listo te acercarías al primer bípedo con buena pinta* que veas, (*o sea, con cara de bueno, ojos llenos de aguas dulces, de yo no sé si Dios existe pero no soporto el sufrimiento ajeno ni la suerte tan escasa y mal repartida) Asimismo olvídate de los que tienen mirada rara o esconden la mano. Luego deberías ejecutar piruetas graciosas, poner ojitos tristes, de cordero degollado, como los que debió poner Judas al reencontrarse con su antiguo socio en etéreas latitudes. Muy posiblemente te van las siete vidas en ello. Sería genial dislocar un pelín, incluso, tu estructura ósea con el fin de conmover sobremanera al dios de poco pelo. Después, si te acariciara, yo que tú ronronearía como un jodido loco, hasta que no se escuchen la música del móvil ni los cláxones de ningún coche, hasta que se disipen las dudas que pudieran surgir a ese humano por los gastos de alimentación y veterinario, o la inevitable tristeza a soportar el día que te vayas al otro mundo. Recuerda, que si al cabo de un minuto sonríe y no sale corriendo con la cabeza gacha y sin mirar atrás, tendrás muchas cartas a tu favor para que tu existencia transcurra entre montones de suaves cojines, latas de sabrosas delicatessens, pelotitas con cascabeles y caricias a destajo; no extrañes el paisaje desde la ventana, la libertad es sólo un sueño engañoso. Mi buen amigo, la vida es así, también la de vosotros los gatos. Que sepas que nadie estamos exentos de tener que maullar por una ración de efímera y gloriosa felicidad, dar en ocasiones nuestra zarpa a torcer; "Quien no llora no mama" es un refrán también aplicable a vosotros los felinos. Te diré, que en realidad, todo gira en torno al caprichoso y mero azar, para ti, para mí, y para todo hijo de vecino. Eso sí, de igual modo debes saber que hay alguna probabilidad que topes con el tipo equivocado y te dé una patada en la barriga, te ofrezca una sardina envenenada, te encierre a perpetuidad en un sucio cuartucho, o en el mejor caso, simplemente te bufe y siga su camino. Hermano gato, yo te entiendo aunque tú no me entiendas a mí. Todos en un momento dado podemos ser tanto amorosos peluches un día, como feos, pulgosos y malolientes gremlins, -carne de lunas y vertedero- al día siguiente. Y es que al final todo depende de ese instante fortuito e inescrutable en que nos cruzamos con algún ángel tan perdido como nosotros -de nuestra misma ralea- o, si el viento sopla en contra, con el mismísimo y puto diablo. _______