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Aún siento aquella ligera caricia en mi pelo, como si hubiese ocurrido de verdad. Aquella mirada, que llegó con frías palabras y aún así me bastó. Desde aquel inexistente día, caminamos por el mismo camino sin poder encontrarnos. O eso es lo que dicen, porque en realidad nunca caminaste...
Aún descendiendo, en el oscuro inframundo, busqué tus frías cenizas, para acabar hallando crueles pedazos de tu corazón podrido, solo para encontrarme, a mi mismo, en el reflejo de la molécula más pequeña de tu despiadada alma.
En 1 lustro, todavía me hablabas. En 2 lustros, apenas me mirabas. En 3 lustros, me desconocías. Al cuarto, ni siquiera aparecías. Si esas 4 horas fueran sentidas como lustros, mi corazón se quemaría al no sentirte.
Quiero estar en tu vida, tal como el pelo que nunca se despega de mi cabeza, ya sea por mucho aire que surque en ella o por diminutas capas de suciedad que haya sobre mi cuero cabelludo. Tal como la uña solo existe porque el dedo la sostiene. Decir que recorrería el mundo por ti suena muy...
He tenido que aprender a ir a cáceres sobre el último milimetro de queratina que existía sobre mi uña del dedo gordo del pie, haciendo que tenga que aprender a escribir en prosa con el meñique izquierdo mientras detrás mía hay colgado un cuadro de la verdadera razón por la que jesucristo morirá...