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Nunca había fallado a la cita el placer de corte victoriano que relumbra en las nubes de llanto.
Hay que dirimir la batalla antes de haberla perdido, recobrar las manos salobres que, de otro modo, se añejan en la pecera del cuartito del fondo.
La pupila del ahora enfurecida de blanco
remanso que respira en la terquedad de algún Parral, en la estela, verdad de la presencia, se ensaya su aromar.
La vereda pequeña es frescura descarada, página aérea
simiente premdifa al horizonte.
El rumor de los vecinos en la plaza es aire enredo...
De pronto, al final de la noche, destila el citrico estertor de la mañana
encanto ensordecido, final inaugurado.
Encontramos, entonces, el acolchado aroma de la luz difusa
perfume agónico en seda secreta del sol que arrasa en su visita.
Extremo de la aurora
sencillo bienestar de la vida en...
La pupila del ahora enfurecida de blanco
remanso que respira en la terquedad de algún Parral, en la estela, verdad de la presencia, se ensaya su aromar.
La vereda pequeña es frescura descarada, página aérea
simiente premdifa al horizonte.
El rumor de los vecinos en la plaza es aire enredo...
Caían de sí lágrimas como peldaños
azucenas imantadas de estupor yacían en el suelo impredecible y lánguido.
De noche uno suele estar hecho del mismo desaliento que con impenetrable franqueza reina en la habitación de lo perdido.
Ilusa y obtusa la frente
del que todo cree saberlo y
no distingue a quien tiene enfrente.
Él, ignorando, se deleita en su infinito divague mientras su maestro intenta brindarle coraje.
Tan solo finales sin razón tendrá
así su vida con suerte de pobre botín aprenderá a callar; escuchará.
De...
Estertor rosado se aterciopela de gloria al beber la vertiente amplia del rosal que planta el pasado en su estela.
El trémulo aire de este implacable hoy, se magnífica en la cálida bruma herida de lo estático.
Lo que ha quedado permanece incambiado en la decrepitud incandescente y errática
de...
Abierta y repentina como sexo en invierno.
Profunda y sedosa tajada de la carne.
Una rama, insólita vid de vida; es así que se va el azul vibrante de tu aroma.
Uno se queda rumiando amaneceres
inciensos espléndidos de mansas y no tanto certidumbres.
Brillante y sinuosa como sexo en primavera...
Somos los Homo Erectus de una cueva ilustrada.
Somos los Homo Sapiens con fusiles y metrallas, con cada batalla banal
las armas escaldan la esencia de la especie.
Somos hermanos con incógnito destino, mas la reunión obligada es reservar la mirada empática y
la mano extendida sin restos de...
Amor constante
diamante salido del cosmos pero no sin sentido.
Eres mi reina en toda esta tierra donde vayan mis ojos siempre terminan en tu arroyo.
Fuerte, de cemento o agua de rosas no dejas al aire tu dolor.
Debes salir de tu caparazón y mostrarle a todos tu razón, en las plazas, parques y...
El banco se mecía inmóvil
bajo el influjo verde leña del musgo lejano que lo habita.
El tronco humilde sueña bajo lluvia audaz
salobre que aparece en la noche inaugural.
El banco se mecía inmóvil, feliz en su manto fresco de lluvia nueva de espeso verdor, de tarde vacía de niños
sin plazas sin...
Me estoy tiñendo el ansia verde de abrevar tu sed, inconcluso fracaso.
Te bebo dentro de los límites oblicuos del asqueroso colchón.
Él se encarga, sin lograrlo, de florecer en tus entrañas.
Nos convocamos por dentro y
así te enredo
sumerjo
acometo
te delirio
me amontonó hasta el hartazgo;
me...
Rebelión de invernadero o
huerta o parral.
El sol elude secretamente la parca redondez de las naranjas
sombra observando pájaros
despojados
airosos pastores del viento cantor.
Los sombreros que portan los labriegos simulando árbol
recordando eterna labor compartida sin panes partidos
ya se han...
Yo solo creo que eras garganta encandilada
un enjambre olvidado
un pastor enterrado en el tiempo
un pastor sin cayado, atrapado,
depurando el alambre en su sangre inquieta.
La nada reposando como lava ferviente; escándalo sin ruido
sedienta lava hiriente
por no probar el agua.
UnusualSoul: desde mi punto de vista significa que la amante se siente satisfecha luego de haber leído una carta de amor que su amor le había escrito previamente.
Con tus manos de sonrisa
construyes la cornisa de la que ya no resbalo,
manojos de razón.
Te miro plena y te sucedo
en un trozo de papel que te antecede
diluye la mirada dispuesta de sol melodramático.
Estoy pendiente de lo queda del ahumado día
con su aromático estanque
manando de tu ropa...
He visto armar las valijas del encanto en noches lluviosas y dormidas
He escuchado la puerta golpearse con furia al soltar la ira resguardada.
Siembra, orgullosa, instantes sutiles dónde prime el amor, será lucha o pérdida y
durará como tallada en bronce.
En la habitación se respiraba un entorno sutil de espera. Una sirena yacía en un cuadro de la la pared vecina, tendiéndose entera y elástica sin cama, envidiando mi lecho de edredones.
Dormir es natural y como crujir de algodones pero la sirena invade mis viejos pensamientos rasgados con su...
El desamor me sobrevuela y me destruye; empaña mis heridas con engaños.
Visita las palpables ruinas de tus gestos escuetos, de tu mirada velada.
El desamor desanda todo lo creado
como un mendigo que suplica hasta el hartazgo.
Ferviente ilusa del pasado me he ido,
al fin
ya no lo amparo.
Líquida luz de alrededor del aire
claustro de espacio de andar a tientas
en el arco del sol.
Líquida luz
aroma de lo claro
burbuja leve que alumbra un universo
abreva polvo disperso
en un instante
fractales van girando por el tronco mullido del fotón alado.
Líquida luz
te agolpa y te libera en...
En el dorso del todo y
a la vuelta de la ausencia estás tú.
En el recodo que crepita como una hoguera mullida del hogar en la mañana, está tu boca que estrena el chasquido de mi bruma de beso.
En la esquina beige de tu piel estoy yo
resbalando
vecina de tus pliegues
inquieta por los bordes...
A lo lejos en el delicado monte de fresnos, el tropel se acomoda en la llegada inminente.
Un fogón mantenido con celo, espera ahumado para aliviar el frío de las recias manos, sabios jinetes.
El monte delicado de fresnos ya hecha de menos los detalles de cada herradura, cada bota y
cada huella.
Las sobras del escarnio se mueven, sombrías, al ritmo del talón de Aquiles.
En un umbral disperso, borroso ya en su amor con la memoria, resplandecen las hojas clarividentes del dolor.
Hojas de malva,
hojas o lavanda o fiebre fluorescente por las plantas de los pies que nos levantan
arreando...
Los puentes del arraigo destrozan el silencio.
Descienden multitudes al hueco del aliento.
La tierra ha de ser colectivo de puentes sin espanto.
Los puentes del arraigo despeinan los vaivenes singulares del miedo y
huertan plantas nuevas en nombres aledaños a nosotros.
Te llamé
yo te grité
tú nombre todo grité
más parecía la hora de la desidia
trémula aurora del beige de tu piel.
Toda sobre ti derramada amanecí
te fui
tú nombre gigante saborée
en el fugaz estampido atroz que compartimos.
Tu nombre todo dije
anhelante
te nombré.
Ahí es que te sigo viendo ahora
amiga de esquina soleada,
perpetua infancia.
Tus ojos me guiñaron, guiándome
las reglas del equilibrio en bici
de la hora de la merienda.
Tu pelo lustroso, enjambre bello de pozo, era luciérnaga de breves años
que me invitaba a jugar.
A veces, no podía.
Hoy estoy...
Vaivenes desamparo en redondo
idéntico crepúsculo en tanta vuelta
que nos deja sangrando hoy y mañana. Puño
desvelo, desencuentro.
Un llanto inquieto
de color azul día
cromático adelanto
del aroma que cedía el abandono
yaciendo enredado en
tanta vuelta
madeja imperfecta
virutas ajadas de vida.
Tengo una idea azarosa
como la misma flor;
reluciente y poderosa en equilibrio como el que damos luego de que la luz solar ha hilado, ciega, la noche desbocada.
Tengo una idea reluciente y preciosa
porque está toda la vida entre mi verso y mi piel.
Hay perchas con memoria
que en su ingravidez absurda
rememoran los sudores del traje
o la blusa aja de oficina
Las hay también, atolondradas que
de tanto en tanto uso ya no cuentan inventario
no precisan prendas perfumadas ni brillo de ocasión.
Existen, de pronto, brotes de olvido
en los que...
No tejo ni desentraño las partes
de otros cuerpos.
Tampoco me sangro ni amalgamo
al escuchar el nombre de un nombre
si podría ser cualquiera,
pegado a la mejilla o al fémur
de otro azaroso cuerpo.
No soy la mujer mullida
en su plasticidad de hoguera,
quien acicalan los fuegos
en visitas de...
Dispar arrullo leve
como cuando se nos pierde el amor.
En los bolsillos, aire,
entre las venas, aire.
Todo amanece bajo una luz tenue
como nuestra casa de cal sin tu risa.
Se apaga el candelero de la suerte, es noche herida y quiero sanarme
besando tu frente