Una valiente luciérnaga,
herida defiende su honor,
alumbra con llama funesta,
fuego fatuo de su corazón.
No se da por vencida,
aunque sea suyo el error,
ni da tregua, engreída,
fuego fatuo de amargo candor.
La indiferencia marchita,
hasta a la flor más bonita,
que queriendo ser canción...