Corazón desertor,
ardor de miles,
invisibles para muchos,
las cuerdas de cada corazón,
las ventanas del alma,
siempre abiertas,
para el que ose adentrarse,
y se sueña admirable,
aquella vida perfecta,
de la que todo hombre alardea,
en la que todos caen, rendidos a sus pies,
como dama astral...