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1. Comentarios sobre hiato y sinalefa

Tema en 'Vademécum de Poesía clásica' comenzado por edelabarra, 16 de Julio de 2009. Respuestas: 0 | Visitas: 824

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  1. edelabarra

    edelabarra Mod. Enseñante. Mod. foro: Una imagen, un poema

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    Este comentario que transcribo a continuación (con sus puntos y comas según el original), pertenecen a la pluma de mi antecesor y tocayo Eduardo León de la Barra, chileno, 1839-1900.

    Fue socio correspondiente en Chile, de la Real Academia Española de la Lengua.
    Me pareció pertinente traerlo a este foro, por ser temas en cierto modo vinculados y que han sido motivo de discusiones en nuestros foros de poesía.

    Comentarios sobre hiato y sinalefa


    El hiato era más frecuente en los tiempos rudos de la lengua; pero, a medida que se la pule y suaviza, se extiende el uso de la sinalefa. Tal es la tendencia de las lenguas modernas en su evolución actual, sobre todo de las romances.
    Hoy los ingleses prefieren el hiato, y tanto que huyen de la sinalefa como de un pecado; al revés de los italianos, de oído fino y lengua musical. Los alemanes están por el hiato como los ingleses; y los portugueses por la sinalefa, como nosotros y los italianos.
    Los franceses colocados entre la corriente germana y latina, se han neutralizado, y así es que tanto evitan los hiatos como las sinalefas.
    Semejantes preferencias no son caprichosas, sino que dependen de la índole de cada lengua. Las que abundan en consonantes apetecen el hiato; las ricas en vocales piden la sinalefa. El modo de acentuación es otro factor importante en la dirección de estas tendencias. Influye también y no poco, la propensión de las lenguas ya formadas a pulirse y eufonizarse. Con tal fin tienden a convertir sus vocales fuertes en otras más suaves ó débiles, la o en u, la e en i; cambian los adiptongos en diptongos por una traslación del acento, y del hiato pasan a la sinalefa.
    Nuestros poetas antiguos hasta el siglo XV, se muestran afectos al hiato; los del tiempo de los humanistas, reformadores de la lengua, lo evitan; los petrarquistas reformadores de la poesía, adoptan la sinalefa italiana, con mesura; los modernos, Espronceda y Zorrilla á la cabeza, han caído en el abuso, siempre perjudicial. Para que nuestra lengua conserve las nobles prendas que la enaltecen y distinguen, es menester que no pierda en energía por ganar en dulzura, y eso, en la versificación, se consigue promediando el hiato y la sinalefa.

    Sin contrariar las corrientes naturales de la lengua que de nosotros no dependen; sin proscribir por tanto, el uso de la sinalefa, después de larga observación me he creído autorizado para señalar los dos peligros que entraña su abuso.

    1º La sinalefa suaviza la lengua; pero la afemina. lo que apaga la viril energía del castellano.
    2º Tiende a hacer lánguidos y confusos los sonidos vocales, que en el verso deben ser claros y distintos, cristalinos y vibrantes.
    La sinalefa produce una aglutinación pastosa de vocales, perjudicial á veces á la eufonía misma.
    Los versos con vocales únicas bien acentuadas, y con sus dicciones separadas entre sí como las perlas de un collar, serán siempre claros y sonoros, y, por tanto, hermosos y artísticos. Por el contrario, el verso en que abundan las sinalefas, aun cuando no perturbe los acentos del ritmo, siempre aparecerá poco melopéyico, con algo de brumoso, con algo de opaco y apagado. No se dirá que elijo en males condiciones si cito este verso de Espronceda:

    (Tú em)briaga(da en) mi amor, (yo en) (tu her)mosura

    Contrapongámosle estos otros sin sinalefas, y veremos la diferencia:

    Índica flor del trópico fecundo.
    “Pájaros mil d’espléndido plumaje”.

    El exceso de sinalefa producirá versos muelles; pero no valientes.
    Es verdad que la acentuación enérgica, la variedad en las vocales acentuadas, la distribución feliz de las consonantes, y el ritmo bien sostenido, son tan importantes factores que de ellos no se puede prescindir al comparar un verso con otro.

    Desmayado, lento, flojo, sin alma es este verso:
    No quier’oir hablar ya más de ella. (2-4-6-8-10).

    No obstante tiene todos sus acentos rítmicos y ninguno antirrítmico, carece de sinalefas, pues no lo es la elisión marcada con un apóstrofo, y, sin embargo, no marcha, por lo débil de sus acentos.
    La sinalefa en los acentos rítmicos también los debilita, y produce, por tanto, igual efecto.
    Qué vuelo tan distinto tiene este otro bellísimo verso de Jáuregui, acaso el mejor versificador español del poético siglo en que floreció:

    La más hermosa y bella
    Que al viento dio jamás sus hebras de oro. (2-4-6-8-10).

    En el himno de loor de Berceo, de aire más antiguo de lo que es, hay este elegante verso de arte mayor, que no ha necesitado de hiatos ni de sinalefas:

    Llorando los ojos / de lágrimas un mar.

    Por último, como muestra de la vigorosa versificación de Jáuregui, para que sirva de ejemplo en el manejo discreto de la sinalefa, copiaremos unos pocos versos tomados de Orfeo:

    En la fragosa Ténaro, (que i)nunda
    El lacónico pon(to, en) sitio cierto,
    Rudo taladro de canal profunda
    Rom(pe el) terreno caverno(so y) yerto;
    Intensa breña con horror circunda
    El rasgado peñón, y esconde abierto
    Cóncavo tal, que la tartárea ‘stanza
    Por las entrañas del abismo alcanza.

    Estos versos dignos de aplauso por bien cortados y sonoros, adolecen ligeramente del rebuscamiento de su tiempo, que sacrificó la naturalidad al empeño de crear un lenguaje poético, y , siguiendo á Herrera, se despeñó con Góngora en un abismo.

    Junto a los versos de Jáuregui pondremos las rosas frescas y naturales que hoy nos trae la Revista de Artes y Letras de Buenos Aires.
    Es un soneto a Aurora, que así dice:

    Era muy linda, se llamaba Aurora,
    Y el poético nombre no mentía,
    Era aurora en verdad, la amada mía,
    Quien apenas nace y brilla, se evapora.

    Lumbre de sol, aroma embriagadora,
    Azul de cielo, gárrula armonía,
    Frescura juvenil, todo tenía,
    La dulce niña, que mi alma llora.

    Al verla andar sobre el terrestre suelo
    Un serafín cansado se dijera,
    Que reposaba para alzar el vuelo.

    Y antes de traspasar la edad primera,
    El serafín las alas tendió al cielo,
    para que más verdad su nombre fuera.

    Este soneto fresco y delicioso, digno de la pluma de Lope, es del poeta oriental Rafael Fragueiro, quien suele caer en extrañas aberraciones simbolistas y en incongruencias de decadente, cuando abandona el camino de la naturalidad.

    Aparte del repetido encuentro de dos aes, en que una de ellas se pierde por elisión, es parco en sinalefas y las que trae, fáciles son y naturales. No por eso carece de la dulzura que el delicado asunto exige, siendo de notar que este gracioso soneto, todo aire y luz, está libre de los relumbrones postizos, de los conceptillos rebuscados y otros industriosos artificios que se han hecho de moda y amenazan invadir y estragar las nacientes letras americanas.

    La Sinalefa que, muy repetida, tiende a la languidez, encontrará más lugar en la elegía que en la oda heroica, y estará mejor en la voluptuosa canción tropical de amores, murmurada al rumorear de las palmas, que en el himno guerrero, enérgico y vibrante como el clarín de la pelea, cuyas notas metálicas derraman el entusiasmo y levantan los corazones. Para la oportunidad en el empleo de esta figura, no hay más regla que la dictada por el buen gusto de cada cual.

    En suma, debemos ser parcos en el uso de la sinalefa, de que hemos abusado, y no temer á los Hiatos, los cuales como hemos visto, suelen ser de hermosísimo efecto en manos del buen versificador.

    Eduardo León de la Barra
    Rosario de Santa Fe, Noviembre 25 de 1893.
     
    #1
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