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13.97 - La Congoja

Lourdes C

POETISA DEL AMOR
13.97 - LA CONGOJA
Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.
El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.
No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.
La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.
Lourdes C
Mayo 21, 2015
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Buen poema sobre la congoja que plasma con mucho arte su sufrimiento. Grato leerte. Un abrazo amiga.
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Estos versos en su belleza vienen con una desgarradora tristeza por el sufrimiento ajeno que haces tuyo, de manera que, en mi opinión, sí hay un hombro donde recostar su rostro.
Una lectura inflamante y, como digo, muy bella.
Con mi saludo muy cordial.
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Lourdes, delicado y elegante poema, hermosa forma de desmenuzar la tristeza del alma que en silencio guarda sus temblores. Recibe mi cariñoso saludo y admiración
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Ayyy Lourdes cuánta tristeza hay en estos emotivos y bellos versos, se palpa ese dolor sin consuelo, esa congoja que aprisiona el pecho, se siente con emoción. Encantada de leerte mi querida amiga. Besazos con cariño y admiración...muááááácksss....
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015

Como un enrejado la congoja sutil prision donde crece
el desasosiego, ese que produce evaporaciones trans-
formadas. felicidades por la bella descripcion de un
estado que delimita el estado del alma. magnifico.
luzyabsenta
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
muy cierto Lou cuando el dolor hiere, taladra el alma, hermosa melancolía, lo bueno de todo es que todo pasa hadta la vida. un abrazo y Bendiciones
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015

Hermosa poética melancólica poetisa, aunque uno se acostumbra a tus versos amorosos, tu versatilidad está en todos los estilos. Saludos cordiales.
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015


Se siente querida amiga, se siente tanta congoja que transportan tus versos.
La impotencia nos ata de pies y manos y el dolor llega al alma.
Un gusto acompañar tu inspiración.
Alegre paz Lourdes.
Vidal
 
" porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos."

Que dolor tan profundo. palabras que devuelven el calor al cuerpo y recuerdo que estoy viva. Muchas gracias por compartir.
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015

Bellísimas letras a pesar de su tristeza donde describes bellamente la congoja como si fuera tuya.
Me ha encantado amiga Lourdes disfrutar una vez más de tus letras.
Mis sinceros saludos y bendiciones.
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Hermoso y desgarrador poema! Un melancolia sutil y desbordante. Un gusto acercarme querida amiga. Abrazos
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Un poema donde expresas el dolor ajeno como quien lo ha vivido de cerca. Muy bello te ha quedado este sentir hasta el final. Recibe un abrazo grande.
 
13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
Muy bello y expresivo, por momentos angustioso, me gustó mucho amiga Lourdes. Abrazote vuela. Paco.
 
Solo quién ha sufrido y sentido esa congoja en carne propia, es la que se apodera del sufrimiento ajeno e intenta consolar desde el alma. Sentidos y nostálgicos versos amiga. Te dejo un gran abrazo y mi admiración a tu poesía.
 
saludos bella Lou!
en un espacio desolador
siempre nos alcanzan esas congojas
luego van cediendo
mientras tanto
el alma muere de a poquitos
tristemente bello tu poema,
cariños linda,

ligiA


13.97 - LA CONGOJA

Abre sus fauces la tierra
y le llama sonriente,
mientras el corazón
con punzante herida,
derrama gotas
de un grana brillante.


El alma no encuentra
una sombra,
donde descansar
por un instante,
y sigue su andar eterno
entre guijarros y abrojos.


No hay un hombro
para recostar su rostro,
ni palabras de consuelo,
o labios que rocen
su corazón con ternura,
y se doblega el espíritu.


La congoja en su pecho
se acrecienta,
y tiembla su cuerpo
sin esperanza alguna,
porque el dolor le hiere,
y taladra hasta los cabellos.


Lourdes C
Mayo 21, 2015
 

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