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Querido Maestro:
Han pasado como agua los días.
Extraño la eminencia de tus ojos
cuando transcribo mis despojos
acobardados donde tú, me reñías.
Esa magnificencia que referías
al deducir entre todos mis enojos,
cediendo tu directriz sin cerrojos,
en mis instrancendentes poesías.
Maestro, desde aquel entonces,
he perdido toda compostura
para escribir con oros y bronces.
A veces estoy en una conjetura,
viciada de rimas que son azonces,
cuando me falta toda tu grandura.
Besos al cielo amigo
Marianne.
Saludos bella Mariane!
Si me permites te robo las rimas para acompañarte en este merecido homenaje al maestro Edelabarra y que le llegue mi saludito hasta el cielo junto al tuyo. (bueno mientras me autorizas a usar tus rimas) voy escribiendo y si no me das permiso lo retiramos, un abrazote y mi cariño de siempre y el gusto de unirme a tu fino homenaje.
A Edú
Hace falta, maestro, en estos días
la mirada serena de tus ojos
para vestir de seda los despojos
como cuando mis fallas tú reñías.
A los manuales, tú, me referías
y de pronto cesaban mis enojos
y rompía cadenas y cerrojos
y los vocablos fueron poesías.
No busco de poeta gloria, entonces,
si el verso no tuviese compostura
con suerte pueda alzarme con los bronces.
Si te llega al azur mi conjetura
me dirías, maestro, "no te azonces"
y me contagiarías tu grandura.