17.10.- Me acostumbré

MARIANNE

MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​
 

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Por lo general nos acostumbramos a lo que nos hace feliz, a lo que no es tan complicado. Pero la vida real no es color rosa, así que también tenemos que acostumbrarnos (adaptarnos) a lo que no es tan agradable.

Un placer recorrer tus líneas.

Abrazos.
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​
Si tan sólo nos cerráramos a la posibilidad de hacer periódicos aportes para socabar una relación. Saludos cordiales para ti, MARIANNE.
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​
Muy bello poema de melancolía de la ausencia, es el peligro que tiene el acostumbrarse tanto a alguien, cuando ya no está, cuando sus sentimientos cambian de rumbo el vacío que queda es muy grande. Abrazote a tope te mando amiga Marian. Paco.
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​

Es muy facil acostumbrarse a todo eso amiga Marianne. Lo malo llega después, cuando lo perdemos.
Un abrazo
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​

¡Qué fácil y rápido nos acostumbramos a las cosas pero cuanto cuesta desacostumbrarnos!
Besos y abrazos dulce Marian para que la soledad no te abrigue.
 
Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.
"Me acostumbré..." Son las artimañas del desamor. La costumbre que nos hace perder ilusión, la rutina que saca de la vida las chispas alegres que nos hacían disfrutar. Mas una vez que se pierde, el recuerdo nos trae a la memoria todo aquello que tuvo de magnífico y especial. Llega así la nostalgia, la pena que tan bien reflejan tus hermosos y tristes versos. Un bello poema. Mis saludos.
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​
Años de ausencia que cerrando esas heridas que
fueron ruptura de amor, metamorfosis en ese
crepusculo donde el aliento fresco del alma es
espera de perdon. felicidades. excelente.
saludos de luzyabsenta
 
"Me acostumbré..." Son las artimañas del desamor. La costumbre que nos hace perder ilusión, la rutina que saca de la vida las chispas alegres que nos hacían disfrutar. Mas una vez que se pierde, el recuerdo nos trae a la memoria todo aquello que tuvo de magnífico y especial. Llega así la nostalgia, la pena que tan bien reflejan tus hermosos y tristes versos. Un bello poema. Mis saludos.
Gracias Luis por regalarme tus bello comentario, saludos
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​

Mi querida y dulce amiga, eso nos pasa muy amenudo en las cuestiones afectivas, nos acostumbramos demasiado y cuando llega el desarraigo, cuesta mucho caminar, pero todo se consigue.

Te mando un sincero y sentido abrazo con cariño y besitos.
 
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;

cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.

Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;

Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.


Marianne*
A.​

Me siento muy identificada con tus versos, nadie entiende si no lo está pasando, viviendo en carne viva; el extrañar, la falsa espera
que nos habita. Nadie entiende que se nubla la vida y con el corazón roto sigues adelante.
Un abrazo grande y gracias por TODAS TUS VISITAS.t.q.
 
MARIANNE,

la soledad compartida se da cuando con tus sentidas letras otras almas buscan dejar su melancolía y volver a ver de nuevo la luz del día; un abrazo.
 
Me siento muy identificada con tus versos, nadie entiende si no lo está pasando, viviendo en carne viva; el extrañar, la falsa espera
que nos habita. Nadie entiende que se nubla la vida y con el corazón roto sigues adelante.
Un abrazo grande y gracias por TODAS TUS VISITAS.t.q.
Ojalá no sea tu caso guapa, aunque es cierto, nadie sabe a cien lo que vivimos lejos de este mundo irreal, saludos bella
 

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