MARIANNE
MARIAN GONZALES - CORAZÓN DE LOBA
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Me acostumbre al calor de sus brazos,
al roce de sus labios con dulces besos,
a la voz tímida que repartía te quieros
en cada cierto dificultoso momento;
cuando desmerecía de su fiel amor,
cuando la calidez de su voz arropaba
su inocencia, y caminaba con urgencia
hacía mi buscando mi frío resguardo.
Me acostumbré, menos a extrañarlo.
Ahora que mis días son más nublados,
no siento más su manto ataviándome,
no escucho el cause de su risa, vetando
mi tonto silencio en medio de ésta calle;
Ahora que lo extraño, nadie da cuenta
de la cobardía que arraiga mi pena,
ni de las cadenas que cargo en la mano,
lo extraño aún con el corazón espinado
esperando llegue el perdón de estos años.
Marianne*
A.