Anoche, antes de acostarme, me asomé al balcón encalado que tiene mi mente y que da a mi patio trasero, contemplé las 200 palmatorias que iluminan mi memoria dándole un tenue color dorado, algunas estaban apagadas, otras ya se oscurecían, pero casi todas ardían con una luz blanca y fuerte, alumbrando mi distraído intelecto. Cada noche, antes de dormirme, las repaso todas, enciendo así algunas apagadas, avivo otras, repongo las consumidas que prefiero.
Mis neuronas, aún ágiles, me transportan desbocadas sobrevolando este jardín brillante y tornando trémulas sus sombras, luces tintineantes que algunas dan la vida mientras otras, a tirones, la quitan, algunas merecerían la eternidad, otras ni siquiera el encendido, pero todas me dan el calorcito con el que mi cabeza se duerme cada noche...
Turco
Mis neuronas, aún ágiles, me transportan desbocadas sobrevolando este jardín brillante y tornando trémulas sus sombras, luces tintineantes que algunas dan la vida mientras otras, a tirones, la quitan, algunas merecerían la eternidad, otras ni siquiera el encendido, pero todas me dan el calorcito con el que mi cabeza se duerme cada noche...
Turco